Orden

Ya está todo recogido. Hay, por fin, silencio. La mesa grande ha recuperado su milimétrica ubicación; la cristalería -esa superviviente- duerme el sueño de los justos en la vitrina y desde allí aguarda un nuevo advenimiento más festivo y frívolo; la vajilla de porcelana, lavada, blanca y dorada, sin muescas en los bordes como por milagro, encuentra su acomodo en la cápsula del tiempo donde hiberna; los ceniceros limpios recuerdan aún, es verdad, el horror de los días pasados; el aire helado se cuela por las ventanas abiertas y borra el aroma pesado que se niega a retirarse sin presentar batalla. Parece que nada haya sucedido. El tiempo acaricia el rostro. Hace frío. Molicie. Hoy sí habrá una noche de paz.

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