Caderas

No creo que haya cosa más hermosa que dejar resbalar la mano por la curva de tus caderas. Sentir la suavidad de tu piel acariciando mis manos y notar el calor que emana de ti, aunque no te ame, aunque no quiera compartir el resto de mi vida contigo y poblar el mundo de retoños, es hermoso. Esto no tiene nada que ver con el amor, pero sí con la belleza y con la curvatura y con la perfección y con el sopor de las tardes de veranos tempranos.

– Sí, pero además yo te amo -dijo ella.

Y el círculo se cerró, la tarde se llenó de sentido y la sombra de la perfección cubrió sus vidas por un instante.

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