De trueques y pérdidas

He perdido un recuerdo sobre un trueque, lejano y creo que pleno de sentido. Ya nada queda de él. ¿Qué cambié? ¿Qué obtuve? No soy capaz de encontrar la forma de los objetos en el maremagnum de la memoria.

Sin embargo, aún puedo tocar con la yema de los dedos el regusto placentero del cambio. Poco me queda: la reacción de los adultos que no podían comprender mi insensatez; quizás la certeza infantil de que no era comprendido por quienes me rodeaban; y, desde luego, el sabor agrio de aquella tarde partida entre la felicidad por el trato realizado y la culpa por haber sido, al parecer, engañado.

Mientras, la televisión, todavía en blanco y negro, inundaba el comedor con un Tarzán que besaba a Jane bajo la atenta mirada de un simio estremecedoramente parecido a mí mismo.

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