Sobre la condición humana: Primo Levi

En 1944, Primo Levi, un judío italiano que poco antes se había unido a los partisanos antifascistas, fue deportado al campo de concentración de Auschwitz. Allí consiguió sobrevivir durante diez larguísimos meses hasta la llegada de las fuerzas soviéticas. Tan sólo veinte personas de las seiscientas cincuenta que ingresaron con él lograron vivir para contarlo.

En 1956 el autor italiano publicó un libro, escrito ya en 1946, en el que hace memoria de aquellos días: Si esto es un hombre. No es un libro sobre la brutalidad y la sinrazón, aunque está repleto de ambas; no es un libro maniqueo, pese a que el bien y el mal combaten entre sus páginas; no es un ajuste de cuentas; no es una novela; no es ficción, sino reflexión, intento de explicación. Es una obra sobre la condición humana sometida a condiciones extremas:

Los que vivís seguros

En vuestras casas caldeadas;

Los que os encontráis, al volver por la tarde,

La comida caliente y los rostros amigos:

Considerad si es un hombre

Quien trabaja en el fango,

Quien no conoce la paz,

Quien lucha por la mitad de un panecillo,

Quien muere por un sí o por un no.

Considerad si es una mujer

Quien no tiene cabellos ni nombre

Ni fuerzas para recordarlo,

Vacía la mirada y frío el regazo,

Como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido:

Os encomiendo estas palabras.

Grabadlas en vuestros corazones

Al estar en casa, al ir por la calle,

Al acostaros, al levantaros;

Repetídselas a vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,

La enfermedad os imposibilite,

Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Se ha escrito y filmado mucho sobre el exterminio sistemático a que fue sometido el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial, se han destacado aspectos diversos de aquel horror, se ha abordado desde diferentes perspectivas. Primo Levi optó en su día por la reflexión y por intentar comprender lo que le estaba sucediendo, en primera persona, sin subterfugios narrativos ni excesos sentimentales. El autor va sembrando la obra de verdades sobre las que pocas veces se ha reparado. Una de las primeras hace referencia a la finalidad de los campos de concentración alemanes. No son lugares de castigo por la simple razón de que no hay nada que castigar, porque no hay una sanción y, en consecuencia, un fin.

En cambio, para nosotros, el Lager no es un castigo; para nosotros no se prevé un término, y el Lager no es otra cosa que el género de existencia a nosotros asignado, sin límites de tiempo, en el seno del organismo social germánico.

Alguien, sentado ante una mesa de despacho, había decidido reorganizar salvajemente las relaciones entre los hombres. Esta decisión es tan desmedida que no consigue provocar la rebeldía de sus víctimas, sino algo mucho peor. El sentimiento de culpabilidad se dispara:

Los civiles, más o menos explícitamente y con todos los matices que hay entre el desprecio y la conmiseración, piensan que por haber sido condenados a esta vida nuestra, por estar reducidos a esta condición nuestra, debemos estar manchados por alguna misteriosa y gravísima culpa.

Los inocentes asumen que son culpables y por ello castigados con esta nueva forma de vida. El plan es perfecto: no hay castigo, sino reorganización de la existencia; no hay acusación; no hay fin; no hay esperanza. Ante este nuevo orden, se impone también un nuevo orden moral. Primo Levi lo expone a través de dos personajes, Elías y Henri:

Elías ha sobrevivido a la destrucción de afuera porque es físicamente indestructible; ha resistido a la aniquilación interior porque es un demente. Es, pues, en primer lugar, un superviviente: es el más adaptado, el ejemplar humano más idóneo para este modo de vivir.[…]

Según la teoría de Henri, para huir de la aniquilación tres son los métodos que el hombre puede poner en práctica sin dejar de ser digno de llamarse hombre: la organización, la compasión y el hurto.

Y la nueva moral llevará al horror de la pérdida de la propia condición humana:

Es hombre quien mata, es hombre quien comete o sufre injusticias; no es hombre quien, perdido todo recato, comparte la cama con un cadáver. Quien ha esperado que su vecino terminase de morir para quitarle un cuarto de pan, está, aunque sin culpa suya, más lejos del hombre pensante que el más zafio pigmeo y el sádico más atroz.

Si esto es un hombre no es una obra sobre el exterminio judío. Es una reflexión sobre cómo los seres humanos podemos dejar de comportarnos como tales. Da igual que se trate de Auschwitz, de Sabra y Chatila, de Ruanda, de Abu Ghraib o de los campos de refugiados saharauis; da igual quiénes sean los victimarios y quiénes las víctimas. Siempre se trata de los mismos, de los seres humanos y de su precaria condición.


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2 comentarios en “Sobre la condición humana: Primo Levi

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