Centenario del nacimiento de Miguel Hernández

Fueron muy duros los años 70 y 80 del pasado siglo. El uso político de la obra de algunos poetas me provocó un cierto hastío y tras él, el olvido. Tanta gente había que no sabía enlazar tres frases sin una cita de Antonio Machado o de Miguel Hernández, que acabé condenando al poeta alicantino a la segunda fila de mi Parnaso particular. Un grave error, hoy me doy cuenta.

Con motivo del Centenario de su nacimiento, unos pocos profesores blogueros han acometido la ardua tarea de restituir a Miguel Hernández a su lugar. Llevan ya varios meses trabajando en ello las gentes que están detrás de A pie de Aula, Blogge@ndo, Repaso de Lengua y Tres Tizas; han elaborado una página que pretende ser uno de los núcleos de la conmemoración; y, de una manera u otra, nos han ido convenciendo a buena parte de los que nos dedicamos a esto de la enseñanza de la necesidad de llenar la Red de versos. Creo que lo están consiguiendo: hoy los blogs se llenan de poesía y Twitter revienta en versos.

Yo no me quiero desmarcar, así que hace unos días dediqué una Hoja poética al autor y esta mañana he grabado la “Elegía a Ramón Sijé”, un poema sobre la muerte temprana, sí, pero también sobre la esperanza del reencuentro en las aladas almas de las rosas del almendro de nata… Mañana es la Noche de Difuntos, hoy hace cien años del nacimiento de Miguel Hernández, este es un blog literario: la ecuación se resuelve sola.

Oir la grabación

(En Orihuela, su pueblo y el mío,
se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería).

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


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Un comentario en “Centenario del nacimiento de Miguel Hernández

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