La simplicidad (I): Anna Gavalda

La tentación de dejarse llevar por lo anormal y el tremendismo es difícil de vencer. Todos lo sabemos y lo libros que a diario leemos nos lo confirman. Los personajes suelen tener unas vidas muy diferentes a las nuestras, viven en otros lugares, el desenlace de sus historias se nos quedan grabados, a menudo, por lo sorpresivo de los mismos.

Sin embargo, algunos autores son capaces de vencerse a sí mismos y trabajar un material “anormal” hasta convertirlo en parte de nuestra existencia, hasta convertirlo en simple. Eso es precisamente lo que he encontrado en la novela Juntos, nada más, de Anna Gavalda. Y, además, la escritora francesa se ha consagrado como un auténtico fenómeno literario utilizando esta fórmula: con la simplicidad por bandera navega en este tormentoso mar literario dominado por historias fuera de lo común, por asesinatos y violencia, intrigas políticas y pseudoeruditas, por relatos en torno a grandes personajes históricos que casi nada comparten con nosotros, por grandes historias de amor repletas de highlanders de torvas miradas.

La novela descansa sobre cuatro personajes de orígenes diversos y muy diferentes entre sí. Sus antecedentes familiares, en cambio, los unifica hasta el punto de que casi podríamos verlos como un mismo ser que ha sido multiplicado por otros factores: la extracción social, el origen espacial, el sexo, el tiempo. Son individuos derrotados que se aferran, quizás, a la última oportunidad de sus vidas; y sobre esa oportunidad son capaces de construir un estado de felicidad inestable que en cualquier momento puede saltar en mil pedazos.

La vida presente de los protagonistas no es nada peculiar, no hay acciones trepidantes que atrapen al lector, no les suceden grandes tragedias. El tiempo de los tremendismo se reduce a un pasado que se han empeñado en vencer, que no en olvidar. Precisamente en esa situación reside la fórmula secreta de Gavalda, según mi opinión: el paréntesis idílico puede cerrarse en cualquier momento; el lector lo espera; la autora lo retrasa; las páginas pasan, simplemente; los protagonistas viven, como tú, como yo.

Algunos lectores consideran un error de la novelista la pérdida de peso específico que a lo largo del relato se advierte en el más “extraño” de los personajes, así como la importancia que cobra una relación sentimental bastante evidente entre dos de ellos. Para mí, sin embargo, no son errores sino aciertos, porque creo que la autora, de nuevo, ha sido capaz de vencerse a sí misma al elegir el camino trillado y, probablemente, más difícil en su simplicidad. Yo, como lector, me he quedado con las ganas de saber más sobre el desgarbado Philou, pero creo que disponer de más información sobre él hubiera estropeado el conjunto o, en el mejor de los casos, hubiera convertido la novela en otra diferente. Quizás esa otra novela también podría haber sido espléndida, pero Gavalda ha escogido un camino que he transitado con placer y con eso me basta.

También se ha cuestionado el idílico epílogo del relato, y, ciertamente, lo es. Pero, ¿qué hay de malo en los finales felices? Vivir es algo muy complicado y, de vez en cuando, no está mal que una lágrima de felicidad nuble la vista. Es simple y es hermoso, ¡qué caramba!


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