Primera parada: Salamanca

Si se sale de Sevilla a buena hora y se toma la Ruta de la Plata en dirección al norte, Salamanca se convierte en un magnífico lugar para comer y descansar del largo viaje. Allí, aunque el sol también calienta lo suyo, la temperatura suele estar algunos grados por debajo de la andaluza y la humedad que abochorna prácticamente desaparece.

La ciudad es relativamente pequeña, pero repleta de turistas y de vida, incluso en las horas más tórridas del más tórrido agosto. Por ese motivo es conveniente no dejar el coche demasiado lejos del centro histórico, si es que se quiere disfrutar de unas horas de descanso antes de emprender de nuevo el viaje. Para tal fin, Salamanca ofrece al viajero suficientes aparcamientos subterráneos. En uno de ellos abandonamos nuestro automóvil y encaminamos los pasos hacia la Plaza Mayor.


La Plaza Mayor de Salamanca es, sin lugar a dudas, una de las más hermosas y elegantes de España. Es una verdadera delicia acceder por una de sus entradas y estrellar la mirada contra la simetría y el equilibrio de sus balcones y arcadas. Nada más que por sentir ese instante de sorpresa merece la pena detener el camino en la llanura charra.

La ciudad ofrece muchos otros lugares de interés, obviamente. Sin embargo nos habíamos detenido solamente a descansar unas horas para renovar fuerzas y continuar el camino que nos conducía a León. Por esta causa nos limitamos a un breve paseo que nos condujo de la Plaza a la Casa de las Conchas, que dialoga en silencio con la iglesia jesuítica de la Clerecía en un sorprendente contraste entre lo civil y lo eclesiástico, entre lo plateresco y lo barroco.

Casa de las Conchas
A pocos pasos de allí, el plateresco estalla en todo su esplendor con la fachada de la Universidad. Como buen filólogo, no puede evitar tomar la foto tantas veces repetida de Fray Luis encaminándose hacia el aula: “Decíamos ayer…”

Aquí la envidia y mentira

me tuvieron encerrado.

Dichoso el humilde estado

del sabio que se retira

de aqueste mundo malvado,

y con pobre mesa y casa

en el campo deleitoso

con sólo Dios se compasa

y a solas su vida pasa

ni envidiado ni envidioso.

Después de la experiencia filológica del día, una buena comida, un café y un último recorrido en torno a las dos catedrales para despedirse de Salamanca con la imagen de dos cúpulas y el sonido de la música del Maestro Salinas tal y como Fray Luis la entendió.

Cúpulas de Salamanca

El aire se serena

y viste de hermosura y luz no usada,

Salinas, cuando suena

la música estremada,

por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino

el alma, que en olvido está sumida,

torna a cobrar el tino

y memoria perdida

de su origen primera esclarecida.

Y como se conoce,

en suerte y pensamientos se mejora;

el oro desconoce,

que el vulgo vil adora,

la belleza caduca, engañadora.

Traspasa el aire todo

hasta llegar a la más alta esfera,

y oye allí otro modo

de no perecedera

música, que es la fuente y la primera.

Ve cómo el gran maestro,

aquesta inmensa cítara aplicado,

con movimiento diestro

produce el son sagrado,

con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta

de números concordes, luego envía

consonante respuesta;

y entrambas a porfía

se mezcla una dulcísima armonía.

Aquí la alma navega

por un mar de dulzura, y finalmente

en él ansí se anega

que ningún accidente

estraño y peregrino oye o siente.

¡Oh, desmayo dichoso!

¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!

¡Durase en tu reposo,

sin ser restituido

jamás a aqueste bajo y vil sentido!

A este bien os llamo,

gloria del apolíneo sacro coro,

amigos a quien amo

sobre todo tesoro;

que todo lo visible es triste lloro.

¡Oh, suene de contino,

Salinas, vuestro son en mis oídos,

por quien al bien divino

despiertan los sentidos

quedando a lo demás amortecidos!

Nos dejamos mucho por ver en Salamanca, pero no había tiempo para más. Esta circunstancia nos obligará, a buen seguro, a volver en un futuro no muy lejano. Allí quedan esperando nuestra visita muchos palacios y plazas, el recuerdo de Unamuno entre sus calles y el puente en el que Lázaro de Tormes comenzó a perder su inocencia.


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Un comentario en “Primera parada: Salamanca

  1. Hola José María, soy profesora de secundaria desde hace muy poco y sigo tu producción tanto en la red como en las publicaciones. Estoy intentando crear un “cafe literario/club de lectura on line” para comentar las lecturas de la materia de literatura universal de 2ª de bachillerato a través de la red, de modo que los alumnos y alumnas usen las tecnologías para compartir sus conocimientos y su experiencia durante las lecturas, tanto en aula como en sus casas.
    ¿Conoces alguna iniciativa de este tipo? ¿Lo has probado alguna vez?
    Muchas gracias por tu trabajo en general y gracias en particular si me puedes aportar algo al respecto,
    un abrazo, Mariana

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