La fábrica de colores

Los visitantes que llegan a la ciudad se empeñan en realizar siempre una misma ruta que va de la Torre del Oro a la Giralda, Catedral y Alcázar. Hay alguno que se aventura hacia otros lugares de renombre: Ayuntamiento, Iglesia del Salvador y Hospital de la Caridad, por ejemplo. Sin embargo, nadie dedica unas horas a visitar los signos de la decadencia, probablemente porque no aportan nada singular, ya que lo que aquí puede encontrarse es similar a lo que cualquier ciudad ofrece: un pasado que ya no existe, para bien o para mal, según el caso.
A mi, no obstante, sí me gustan estos emblemas del pasado. No me refiero a los grandes monumentos que ilustran las guías turísticas, sino a los restos de lo que fue vida reciente y hoy esperan abandonados la demolición o la conversión en nuevo monumento y, por tanto, su resurrección. En este sentido, nada es comparable a la arquitectura industrial.

Al norte de la ciudad, en el barrio de San Jerónimo, un azulejo en una fachada semidestruida anuncia que allí hubo una vez una fábrica de colores. Hoy ya nadie trabaja tras su tapia para emular el arco iris. Sólo hay abandono en las puertas comidas por el tiempo y un sol de justicia que desde la mañana a la noche baña los laterales de la factoría.

Viejas fábricas de SevillaEs curiosa la paradoja que se produce en este lugar. Con el paso de los años la construcción ha pasado de ser un lugar de fabricación de pigmentos a convertirse en soporte de los mismos. La Fábrica de Colores es ahora lienzo callado que soporta colores ajenos, firmas imposibles, palabras que el viandante pocas veces se para a identificar.

Viejas fábricas de SevillaAcostumbrados a la funcionalidad actual, no deja de sorprender en estos restos una puerta de entrada que obliga de nuevo a saltar a un tiempo en que la pragmática fabril no parecía estar reñida con la estética dominante. Este acceso a la factoría nos habla de una ciudad que quería recuperar su identidad del siglo XX sobre la base del pasado musulmán, nos habla de una ciudad que quiso ser moderna sin dejar de ser antigua. Es lo que tiene el “neomudéjar”.

Viejas fábricas de SevillaPero en la “Tierra de María Santísima” el regusto islámico debe compensarse siempre con el toque cristiano. Por eso no es extraño encontrar en otra de las esquinas de la fábricas un pequeño azulejo y un nombre que compensa lo oriental.

Viejas fábricas de Sevilla“Nuestra Señora de la Esperanza”, la fábrica de colores de Sevilla, vive aún entre el pasado y el presente, entre la ilusión de lo que podía haber sido y la realidad de una ciudad que sufre expedientes de regulación de empleo casi cotidianos. Ya no surge un arco iris de sus paredes, pero al menos nos ha quedado la poesía de un nombre que afirma la posibilidad de crear color en un mundo gris y moderno, como el acero. La esperanza -atestigua el dicho- es lo último que se pierde.


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4 comentarios en “La fábrica de colores

  1. No conocía esta fábrica. Vi desaparecer la fábrica de vidrio de la avenida de Miraflores y sigo los avatares de la fábrica de sombreros. Un patrimonio en vías de desaparición definitiva.

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