Amor y economía

No se me enfaden, pero el título de la entrada poco o nada tiene que ver con su contenido. Se trata de una simple y burda trampa para atraer a algún lector en estos tiempos de marejada económica que hace zozobrar cuerpos y almas. El caso es que llevaba ya algún tiempo sin publicar por estos lares, primero por cansancio, después por incapacidad para encontrar un asunto apropiado y en último lugar por el vendaval de la actualidad. Pero hay que romper con las inercias negativas y escribir; no hay que dejarse vencer por la pereza ni por los miedos ni tampoco por la realidad. Así que me vuelvo a los terrenos conocidos y venzo la tentación de opinar sobre rebajas de salarios, ajustes duros, actitudes políticas valientes o cobardes, opciones ideológicas que se niegan a sí mismas, líderes y lideresas, sindicatos y huelgas, bolsillos helados, realidad. Prefiero el deseo.

Y Quevedo me deja una lección inolvidable que no por conocida puedo dejar de citar.

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

El amor, el sentimiento, triunfa sobre la muerte, dice creer el poeta. Poco más se puede decir en relación a la fuerza del deseo sobre la realidad.

En las mismas fechas en que Quevedo afirma categóricamente su vocación de enamorado, John Donne se muestra bastante más pragmático:

Un día entero me has amado.
Mañana, al marchar, ¿qué me dirás?
¿Adelantarás la fecha de algún voto recién hecho?
¿O dirás que ya
no somos los mismos que antes éramos?
¿O que de promesas hechas por temor reverente
del amor y su ira, cualquiera puede abjurar?
¿O que, como por la muerte se disuelven matrimonios verdaderos,
así los contratos de amantes, a imagen de los primeros,
atan sólo hasta que el sueño, imagen de la muerte, los desata?
¿O es que para justificar tus propios fines
por haber procurado falsedad y mudanza, tú
no conoces sino falsedad para llegar a la verdad?
Lunática vana, contra estos subterfugios podría yo
argumentar, ganando, si lo hiciera.
Pero me abstengo,
porque mañana puede que yo así también piense.

El poeta inglés no parece verse a sí mismo viajando al Hades en pos de un sentimiento ideal. Lo suyo es más moderno, de andar por casa, diríamos: mañana, al amanecer me dejarás y yo no podré reprochártelo, porque es posible que esté deseando ya tu partida. Así son las cosas, querida. Todo fue hermoso mientras duró, pero no nos empeñemos en mantener vivo un fuego que agoniza, que sabemos que va a desaparecer y que no podemos hacer nada para contrariar su destino.

Pese a todo, en otros versos, John Donne grita su derecho a amar, aunque solamente sea hasta el alba, aunque solamente sea un amar en presente:

Por Dios, callaos la lengua y dejadme amar,
o burlaos de mi reuma, o de mi gota,
mis cinco pelos blancos o mi arruinada fortuna escarneced,
mejorad con riquezas vuestra situación, vuestra mente con artes,
seguid una carrera, buscaos un puesto, atended a Su Excelencia o Su Alteza,
o el rostro, verdadero o acuñado, del rey
contemplad: aprobad lo que queráis,
con tal que me dejéis amar.

En fin, poemas de amor diferentes de dos poetas coetáneos bien diferentes. Poco que ver entre ellos y menos relación aún entre estos textos y la rabiosa actualidad. Esto es lo que me gusta del blog: se puede escribir sobre cualquier cosa sin someterse al dictado de rabiosas actualidades que no se comprenden y de las que no se tienen datos suficientes para opinar. Supongo que por esa razón están proliferando tanto los blogs periodísticos. Bien, ya me callo.

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Un comentario en “Amor y economía

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