El mundo es una mierda, o de la mezcla de churras y merinas

Wordle: noticias

El domingo pasado, mañana de prensa. Lluvia de noticias. Las peores no están en las portadas, sino ocultas en el mar interior de palabras que es el periódico. Son breves, apenas una nota suelta, como si no tuvieran mayor sentido que completar el número de páginas de la edición.

Una de esas diminutas informaciones me llama la atención. Se refiere a la futura comparecencia en el juzgado de una mujer acusada de insultos y amenazas telefónicas a la familia de Marta del Castillo. Vio los carteles que empapelaron esta Sevilla nuestra con la fotografía de la muchacha y un número debajo. Llamó: “no volveréis a verla”, dicen que dijo. Ahora la mujer reconoce los hechos y se intenta excusar. Lo hizo porque se aburría y quería entretenerse. Se enfrenta a una posible multa. No me cabe duda de que le saldrá barata la diversión, pero ¿cuánto vale la falta de humanidad? ¿cuál es el precio de la disociación entre realidad y ficción? Lo dramático es que no se trata de un caso aislado: fueron muchos los que se aburrieron en aquellos días. Probablemente siguen aburriéndose mientras esperan una ocasión propicia al entretenimiento.

En otro lugar leo que la película Saw VI ha recibido la calificación X. Se trata de un filme de violencia desmedida en el que un asesino obliga a sus víctimas a automutilarse. Me temo que la sala explotará en ese momento llena de emoción y griterío ante el gran espectáculo. “Es un chute de adrenalina”, escribe alguien por ahí. Otra forma de combatir el aburrimiento, pienso, menos dañina y preocupante, aparentemente. Pero sólo aparentemente. Los expertos, que siempre los hay, se debaten entre dos posturas: la de quienes creen que la ultraviolencia ficticia influye en la construcción de modelos sociales y la de aquellos que consideran al ser humano perfectamente capacitado para discernir lo ficticio de lo real. Ambas son razonables, y también debe serlo la imposición de un límite.

Sigo leyendo aquí y allí. Me ocupo también de un gran asunto informativo: el revuelo formado por el globo sonda del ministro Gabilondo. Enseñanza obligatoria hasta los 18 años, así, sin concretar en qué pueda consistir. Sin ser capaz de controlar las relaciones mentales, no puedo evitar pensar en los coches-discoteca que cada mañana de viernes aparcan cerca de la puerta del Instituto. La verja del Centro parece entonces una especie de frontera que separe dos mundos. Dentro, la escuela; fuera, nada y abulia. Quizás en unos años todos estarán dentro y ya no habrá límites visibles. Aunque sé bien que esa separación es ficticia, porque de puertas adentro hoy también hay nada y abulia y una gran necesidad de entretenimiento.

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2 comentarios en “El mundo es una mierda, o de la mezcla de churras y merinas

  1. Un estupendo artículo, José María, que hace pensar. La espléndida imagen de los coches atronando el espacio a las puertas del instituto es todo un símbolo de nuestro presente. Ni siquiera J.G. Ballard habría podido crear una imagen mejor.

  2. ¡Qué adulador eres, Eduardo! Muchas gracias. Supongo que por otros lares también se habrá extendido la moda de los coches-discoteca o algo equivalente. Saludos.

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