Milán, más allá del Duomo

Aunque en una entrada anterior quise dejar claro que Milán es ante todo su catedral, lo cierto es que hay más ciudad, como no podía ser de otro modo. A solo un paso de la Plaza del Duomo, una imponente torre invita al viajero a sumergirse en el castillo con que los Sforza quisieron protegerse de los peligros de la Italia medieval.

Después de disfrutar de la mole de ladrillo y piedra y de sus museos (no se debe dejar de ver la Pietá rondanini de Miguel Ángel), es muy recomendable encaminarse hacia una de las puertas que daban acceso a la ciudad medieval: la Pusterla de San Ambrogio.

Allí cerca, el visitante descubrirá una de las iglesias más hermosas de Milán, glorioso románico de ladrillos rojos, arcos de medio punto y esbeltas torres. Contemplar la iglesia de San Ambrogio rompe los esquemas prefijados que sobre el románico pudiera tener el viajero, pues también se eleva hacia el cielo milanés este templo medieval.

Es San Ambrogio un lugar repleto de detalles, en sus capiteles…

… Y en los fustes de las columnas que sostienen la iglesia.

Por fuerza, el paseante no podrá evitar pasar en el silencio de San Ambrogio un largo tiempo, tras el cual puede continuar el camino en dirección a otra de las puertas de la ciudad: la Porta Ticinese. Junto a ella, otra iglesia se levanta sobre los restos de un templo romano del que tan sólo quedan dieciséis enormes columnas como recuerdo de lo que un día fue Mediolanum.

La iglesia de San Lorenzo se presenta como un verdadero compendio de la historia de Milán: columnata romana, cripta paleocristiana, construcción románica y añadidos de los siglos XVI, XVII y XVIII. Rodeando la iglesia puede verse desde atrás como los diferentes estilos se solapan para convivir en el tiempo.

El paseo puede terminar muy cerca de San Lorenzo, en la plaza de San Eustorgio, donde se levanta la iglesia del mismo nombre con una hermosísima capilla aneja:

En ese lugar, el viajero que se ha atrevido a vencer la atracción del Duomo y del templo comercial en que el siglo XX ha convertido la ciudad puede descansar, tomar una buena comida en el restaurante de la plaza y recuperar fuerzas para dedicar la tarde al Cenacolo Vinciano, si es que ha tenido la precaución de reservar entradas con varios meses de antelación.

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