Una catedral y una ciudad alrededor

Supongo que muchas personas identificarán Milán con la moda, con los automóviles, con el fútbol, con la Liga Norte o con Berlusconi y sus cosas. Sin embargo, para mi esta ciudad es antes que nada y por encima de todo el Duomo.

La mole de piedra blanca atrae la mirada desde el mismo momento en que se llega a la plaza en la que impera. Parece que el viajero no pudiera resistir su magnetismo de mármol blanco refulgente que se cuela en la retina para quedarse en ella por siempre. Es tremendamente sorprendente su aparición al llegar a la gran plaza desde las fauces del metro y descubrir de golpe que Milán es su Duomo.

La imponente catedral dialoga con su entorno, imponiéndose siempre a cuanto la rodea, así sea la esbelta torre románica de San Gottardo…

O las fauces del nuevo templo del comercio que parece querer retar al edificio gótico a un duelo singular.

Pero de ese duelo saldrá victorioso, sin lugar a dudas, el viejo Duomo de piedra que se eleva desde la tierra hacia el cielo lombardo para hablar con quienes habitan más allá de la plaza y de la tierra.

Porque la catedral de Milán es un laberinto de roca blanca que es difícilmente comprensible desde la perspectiva humana. ¿Qué pretendían sus constructores? ¿Por qué este mar de piedra?

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2 comentarios en “Una catedral y una ciudad alrededor

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