Castro Marim (Algarve, Portugal)

Al viajar a Portugal desde el sur de España se suele tener la tendencia a cruzar el puente sobre el Guadiana y encaminarse lo más rápidamente posible hacia el destino. Pocas personas piensan que en el Algarve portugués hay algo más que playas, arroces, bacalao y buenos precios. Sin embargo, tras tan sólo recorrer cuatro kilómetros en territorio portugués puede el viajero encontrar la primera sorpresa de la región.

Castro Marim es un pueblo pequeño y tranquilo, encaramado a una pequeña loma desde la que se divisa la desembocadura del río que separa Portugal de España. Nada más entrar en la población, las señales parecen decirnos que la abandonemos, que respetemos la tranquilidad de su pequeño corazón urbano y nos encaminemos hacia otros lugares más conocidos, promocionados y aparentemente atractivos.

Castro Marim (Algarve, Portugal)

No debe caerse en el engaño, porque el viejo castro, sede en tiempos de la Orden de Cristo, la continuación lusitana del espíritu del Temple, espera, tímido y callado, al visitante que renuncia a la prisa y se detiene a trotar entre callejas, ruinas y miedos antiguos.

Castro Marim (Algarve, Portugal)

Puede y debe dejarse pronto el automóvil. Un buen lugar es alrededor de una plazuela que se encuentra a los pies de la iglesia de Nuestra Señora de los Mátires. Desde allí, ascendiendo por una breve escalinata, el ya caminante se encontrará muy cerca del viejo castillo que domina la población, la marisma y la frontera.

La entrada al castillo se abre en lo que debió ser patio de armas con una ermita y algunas construcciones pintadas de color amarillo intenso.

Castro Marim (Algarve, Portugal)

La ermita es abrazada por dos calles que permiten recorrer la fortaleza. Cualquiera de ellas nos conducirá al núcleo de la construcción entre restos de construcciones y árboles.

Castro Marim (Algarve, Portugal)

Al final del recorrido, una puerta da acceso a la plaza fuerte dentro de la fortaleza. Desde el interior, una empinada escalera permita subir al punto más alto para disfrutar de unas espectaculares vistas.

Castro Marim (Algarve, Portugal)

La desembocadura del Guadiana se abre ante nuestros ojos en todo su esplendor.

Castro Marim (Algarve, Portugal)

Entre almenas florecidas se divisa la Iglesia de Santo Antonio.

Castro Marim (Algarve, Portugal)

Y también la fortaleza más reciente que se levanta frente al castillo.

Castro Marim (Algarve, Portugal)

Tanta construcción militar en una población tan pequeña da mucho que pensar sobre el miedo de Portugal. Miedo a lo que llegue desde el este, miedo a España, con sus ejércitos, antes de soldados, ahora de turistas que penetran en tierra portuguesa como quien llega a tierra conquistada. Atronando, antes, con el estrépito de nuestros cañones; ensordeciendo ahora con el timbre y volumen de nuestras voces. Castro Marim nos recibe, por ello, recelosa, entre fortalezas que defienden, entre otros valores, el silencio portugués.

Tras abandonar el castillo, es conveniente que el viajero camine un tiempo por entre las calles de la población. Si deja de hablar y de comparar lo que está viendo con lo que ha dejado al otro lado de la frontera es posible que descubra algunos detalles que denotan la personalidad del Algarve. Elevando la vista un poco, por ejemplo, no tardará en darse de bruces con las características chimeneas de la zona, en diálogo callado con la modernidad.

Castro Marim (Algarve, Portugal)

Y afinando un poco la vista puede sorprenderse algún otro detalle sorprendente.

Castro Marim (Algarve, Portugal)

Porque estamos en Portugal, un país en el que el detalle es fundamento de su riqueza.

Castro Marim (Algarve, Portugal)

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3 comentarios en “Castro Marim (Algarve, Portugal)

  1. El Algarve es precioso. Es cierto que no todo es su buen arroz caldoso y sus playas, pero también sólo por eso merece la pena. Leyendo tu artículo y viendo tus fotos dan ganas de perderse por allí (buen momento para el que pueda, ahora en esta semana de vacaciones). Y vaya fotos bonitas…Magnífico reportaje, digno de un profesional.

  2. Es que el Algarve es muy atractivo: las playas y los acantilados, los pueblos pequeños del interior. Es humilde en cuanto se abandona la franja costera, pero tiene un no sé qué…
    Por cierto, enhorabuena por las fotos, Eduardo.

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