Economía, pensamiento naïf y yo mismo

Hace ya algún tiempo que una compañera me dijo que yo tenía cierta tendencia al pensamiento naïf. La denominación me hizo gracia, y durante algunos días abrigué la posibilidad de desarrollar la idea, pero la inconstancia que me caracteriza arruinó el proyecto. Sin embargo, de vez en cuando, creo atisbar ciertas manifestaciones de lo naïf a mi alrededor. Así ha sucedido con las palabras de José Luis Sampedro en la presentación de un libro –Economía humanista. Algo más que cifras– que recoge ensayos sobre economía escritos por el autor en los últimos cuarenta años. No estoy diciendo que el señor Sampedro sea naïf -Dios me libre-, sino que algunas de sus afirmaciones pueden considerarse tesis programáticas del pensamiento naïf en cuestiones económicas, precisamente porque se me antojan verdades universales que parecemos no querer comprender. Como muestra, dejo un botón:

Hay unos economistas que se dedican a hacer más ricos a los ricos, y otros, a hacer menos pobres a los pobres. Yo he defendido siempre la necesidad de controlar el mercado.

Creo que se trata de una afirmación transparente, obvia, potente, mamporrera, verdadera. No obstante, habrá quienes la nieguen precisamente por su simplicidad, por su estilo naïf.

El propio Sampedro desenmascara el pensamiento naïf existente en los discursos económicos contrarios al suyo. Otra frase que se me antoja demoledora:

La economía actual se basa en el axioma de que el mercado, con su famosa mano invisible, consigue que la suma de los egoísmos lleve al bien común. ¡Mentira!

¿Qué es más naïf, pensar en hacer menos pobres a los pobres o que la suma de los intereses de algunos individuos traerá el bien a toda la comunidad? Yo me quedo con la primera tesis que, al menos, no ha sido probada. La segunda ya sabemos qué se puede esperar de ella: crisis, paro, violencia, insatisfacción, destrucción del medio ambiente, brecha económica, cultural, social, política… ¿Sigo enumerando? Es evidente que el Capitalismo ha traído a nuestro mundo un importante nivel de progreso y bienestar, pero es que de otra manera no hubiese pervivido. ¿Se habría permitido un enriquecimiento brutal de unos pocos sin una mejora sensible en las condiciones vitales de muchos? ¿Obliga esta situación a seguir cantando las virtudes del sistema capitalista? Para José Luis Sampedro no. Para mi tampoco, pero yo no tengo ni idea de economía.

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Un comentario en “Economía, pensamiento naïf y yo mismo

  1. Cierto, los hay economistas que los hacen más ricos a los ricos-pero, ¿para qué?- este bendito o “maldito”, sólo por así llamarlo; necesita más dinero en sus fortines de riqueza. Dios mío, -otra vez- ¿para que demonios más metal. La lógica, a él se lo lleva la “trampa” (muere), su riqueza, queda con la viuda, los hijos -porque él, no se lo lleva, por último hasta la última fracción de su vida piensa en su riqueza, e incluso en tener mucho más y más. Y lo curioso pide en el último suspiro de su existencia que cuide “bien” su riqueza (la verdad que en esta parte me reído, como no se imaginan) a su o sus economistas. Después de la muerte de este ´triste y “célebre millonario”, es justamente el mismo economista quien hace más pobre a los pobres. Pero, lo más hermoso de los pobres, mueren sabiendo de que si saborearon como miel el amor, el respeto, el querer, la ayuda al prójimo. Tanto aquel, que al margen de su ambición no supo lo que es ser amado; y si alguien se acerco a él, fue sólo por puro interés; incluso hasta su más cercana o cercano acompañante de su vida, que no veía a que hora debería irse el “desgraciado”; y el pobre, humilde, pero no miserable pobre, muere, por lo menos, con la esperanza que lo recibirá Dios, bueno digo que lo recibirá…, por que de este lado para el otro, no conozco nada, salvo el día que también empiece esta travesía. Díganme señores economistas, es que acaso ustedes no son los científicos de la economía, ya que así atraviesa este concepto o definición de la economía; ya primero con sus pensadores y luego con sus escuelas económicas, los que ostentan el deseo de que en las sociedades economicamente activas, haya el equilibrio (sin la idiotez del regalo o la mendicidad) económico, de tal forma que la explotación de la riqueza natural, su transformación y la creación de bienes y servicios sea para satisfacer las necesidades básicas del hombre?. Bueno, para mí, es una utopía, yo…sigo chambeando.

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