Arena y exilio

exilioSegún afirma Vicente Llorens en La emigración republicana de 1939 (Sevilla, Renacimiento, 2006) los desterrados españoles que pasaron a Francia en los últimos días de la Guerra Civil o en los inmediatamente posteriores no bajaron de cuatrocientos mil. Al cabo de unos pocos meses ya habían vuelto a España unos cien mil, y en octubre de 1939 quedaban alrededor de doscientos cincuenta mil, ya que por entonces habían comenzado los traslados navales a diferentes países latinoamericanos.

Sean estos números u otros cercanos, el caso es que el torrente humano que pasó la frontera fue enorme y la gran mayoría de ellos fueron recogidos en campos de concentración situados en la costa mediterránea del departamento de Pirineos Orientales bajo la estricta vigilancia de las fuerzas de orden público.

Campos que al principio no eran otra cosa que extensos arenales cerrados por alambradas y vigilados por guardias móviles y soldados africanos. Tristemente célebres fueron los de Argèles-sur-Mer y Saint-Cyprien, que en marzo de 1939 contenía ciento dos mil hombres (Llorens, pp. 291).

Arenales costeros, playas insalubres. Eso es lo que esperaba a muchos compatriotas que deambulaban por las carreteras francesas hasta que la fuerza pública los reconducía hasta dichos lugares. La situación de estos exiliados ha sido convertida en materia literaria recientemente por Fernando Schwartz en su novela Vichy, 1940, un texto que noveliza el período de manera solvente y atractiva. En dicha novela, el lector se encuentra con Arístides de Sousa, firmando visados como un auténtico poseso los judíos afincados en Francia, con un Azaña moribundo, con Lorenzo Cárdenas, el presidente mexicano, representado por un embajador empeñado en fletar un buque, el Sinaia, que llevara republicanos españoles hasta Veracruz y los sacara de aquellos arenales que desde hoy imagino como inhumanos.

El arenal francés se convierte también en materia lírica en un poema firmado por Juan de Pena que podemos leer en la espléndida Poesía de la Guerra Civil Española que ha preparado Jorge Urrutia:

Arena

Todo es arena.
Lo que entra en la cabeza
Y lo que sale.
Todo es arena.
La luz es arena que alumbra.
El fuego es arena.
El dolor es arena que arranca.
Y la arena tiene manos,
Y pies;
Y anda
Y golpea.
Y todo lo que como es arena.
Y el día es arena;
Que quiere irse
Que va.
Y la calma no existe.
Es la arena,
La arena,
La arena
Que todo lo arrastra
Hacia la cuenca del cero.
Yo soy arena
Y tú y él;
Y el soldado
Y el general.
Hablar no es nada,
La voz está hueca
Y llena de arena.
Yo veo en el ojo de la paciencia
El deseo que es arena.
Y la arena es combate
Por la vida
Que es arena,
Por la espada que corta,
Por el silencio que es patria
Del pensamiento que espera.

Yo soy arena,
Y tú y él,
Y el guardia.
Por eso no callo
Ni hablo,
Porque soy arena.
Y mi alma no existe,
Ni mi dolor,
Ni el tuyo,
Ni el de él.

Todo es arena,
Arena,
Arena,
Arena.

Los hombres y las mujeres derrotados se hicieron arena en las playas francesas antes que el viento los llevase hasta el olvido definitivo.

Más información sobre el exilio:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s