Memoria histórica de la literatura

Estos días está en el candelero la discusión sobre la llamada Ley de Memoria Histórica. No se me asusten, no voy a dedicarme a opinar sobre la cuestión, que cada cual sabrá hasta que punto puede llegar su memoria, aunque opino que ciertas situaciones son incontestables. Ese no es el asunto, por el momento.

7295pag190b sEl caso es que con tanto que se lee y escucha uno por ahí, me he dado cuenta de lo injusto que han sido los programas educativos con la literatura española en el exilio. Son pocas o ninguna las referencias que había antes de la muerte del dictador, pero la Democracia no trajo aparejada la recuperación literaria de autores como Max Aub, León Felipe, Arturo Barea, Sender, Gil Albert o tantos otros. Es cierto que muchos de ellos aparecen nombrados, sin embargo rara vez se les dedica más allá de un párrafo en lo libros de texto. Si me apuran, la obra de madurez compuesta en el destierro de gente como Pedro Salinas, Guillén o Luis Cernuda me da la impresión de que es injustamente relegada en relación con aquellas otras obras escritas con anterioridad a la Guerra Civil Española.

– ¡Eso se debe a razones políticas, con total seguridad! Es lo propio de un país que no ha sido capaz de superar todavía su larga andadura por la Dictadura del General Franco.

Perdona que disienta, querido Comentarista Implícito. No creo que se deba a razones de índole política, sino más bien al desconocimiento que tantos años de prohibición o relegación han traído sobre la obra de los autores desterrados. Creo que Vicente Llorens, otro exiliado, tenía razón cuando afirmaba:

La emigración debida a la guerra no solamente produjo un corte, una disconformidad en las letras española (y no digamos en otros órdenes de la cultura), sino también una divergencia al orientarse los de fuera y los de dentro, prácticamente incomunicados, por caminos diversos. (Memoria de una emigración. Santo Domingo, 1939-1945, Barcelona, 1975, Editorial Ariel, p.112)

el-exilioHabla Llorens de divergencias literarias y, sobre todo, de incomunicación entre lo que se hacía fuera y lo que se hacía dentro de España. Incomunicación que trae desconocimiento entre los creadores y también entre los que nos dedicamos a la enseñanza de esta cosa que es la literatura. Al menos en lo que a mi respecta, suelo dedicar mis horas de clase a aquello que conozco, que he leído y estudiado, que soy capaz de defender; y yo he leído y estudiado fundamentalmente a los autores que desarrollaron sus carreras literarias en España. Desde hace algún tiempo me he propuesto saber algo más de los otros y me estoy dando cuenta de lo injusto que es olvidar a Max Aub, con sus Crímenes ejemplares, o el poemario Piedra escrita, de Emilio Prados, por ejemplo.

En fin, este examen de (mala) conciencia literaria viene al caso de que he descubierto una mina: la Editorial Renacimiento de Sevilla. Desde hace ya algún tiempo viene publicando una serie de títulos, tanto de autores del exilio como de análisis de sus obras, que facilitan enormemente el acceso a unos escritores de los que es difícil encontrar libros en el mercado más convencional. Las obras de los escritores desterrados pueden encontrarse en la colección Biblioteca del Exilio, mientras que el acercamiento crítico a los mismos lo encontramos en los Anejos. Se trata de una fantástica iniciativa que también encuentra su complemento electrónico en el portal temático sobre el destierro de la Biblioteca Virtual Cervantes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s