Una nueva belleza

Hace unos días, a raíz de la entrada sobre bandas sonoros de Cuando calienta el blog, os pinchaba un video con la secuencia de la entrada del coronel Nicholson en el campo de prisioneros en El puente sobre el río Kwai. Al hilo de la secuencia citaba a Alessandro Baricco y su idea de que el verdaero pacifismo no es el que niega la belleza de la guerra, sino el que es capaz de ofrecer otra belleza sustitutoria. Creo que algo así es lo que se puede apreciar en la última secuencia de Hair (Milos Forman, 1979).

Igual que en el filme de David Lean, esta secuencia parte de una fila de soldados en formación, pero los rostros nos hablan de otras sensaciones: no se dirigen hacia la gloria del heroísmo, sino hacia el vientre oscuro de un avión de transporte que los encaminará hacia la muerte. Mientras caminan, suena Let the sun shine, tema que va cobrando intesidad hasta que explota en nueva belleza en la manifestación ante las puertas de la Casa Blanca. Allí ya no hay filas de soldados, sino una abigarrada multitud caótica, alegre y esperanzada. ¿Por qué no dejáis brillar el sol?, se pregunta en la canción. Algunos -nostágicos, ingenuos, demagógicos, si queréis- seguimos preguntándonoslo, porque aunque no haya guerra en Vietnam, las guerras impopulares -¿hay alguna que no los sea- siguen existiendo. Porque en el hipotético caso de que no existieran guerras, sería necesario seguir preguntándolo.

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