Del blog y sus cadenas

He leído por ahí el manifiesto “Soy blogger, soy libre” y me he dado cuenta de que, pese a lo que pudiera parecer no creo que sea tanta la libertad del autor de bitácoras. Y no lo es porque a medida que un blog vive, se hace palabra en el tiempo (perdón, Don Antonio, por la referencia chusca), va fabricando sus propias cadenas en forma de dependencia hacia el supuesto receptor de nuestro medio, hacia la idea o intención de partida de nuestro blog o hacia el propio canal, en detrimento del contenido. Como siempre hago por aquí, ejemplificaré con esta bitácora, pues no quiero referirme a nadie para no hacerle sentir incómodo con un tratamiento y unas ideas que puede no compartir, aunque creo que esta falta de libertad es aplicable a muchos de los blogs que habitualmente leo con gusto.

Por regla general un blog se inicia con una idea, pero también es corriente que a medida que pasa el tiempo esa idea se vea como algo demasiado limitado y sintamos la necesidad de ampliarlo temáticamente. En ese momento es cuando el autor del blog se plantea una duda fundamental: ¿estaré traicionando a mis lectores? No me estoy refiriendo al hecho puntual de una entrada que se aparte de la intención primera, sino a cuando son muchas las entradas y se multiplican unas categorías, por ejemplo, que en nada tienen ya que ver con el tema que da sentido a la bitácora y a sus lectores. Este blog, sin ir más lejos, nació con una intención pura y claramente educativa, orientado a dos receptores supuestos diferentes: mis alumnos, a los que proponía actividades, enlaces o sugerencias para que trabajaran de manera autónoma ampliando, de esa manera, el espacio físico del aula; pero también nació con la intención de compartir con otros docentes mis preocupaciones sobre el uso de las TIC en la enseñanza. A esa intención marcadamente educativa hace referencia el mismo nombre de la bitácora. Sin embargo, visto a día de hoy, no creo que pueda decirse que mi Cuaderno de clase sea un blog educativo; de hecho se ha convertido en mi único blog personal activo (dejando a parte mi manía por las estilográficas o los de mi Instituto) en el que tan pronto publico alguna reflexión sobre enseñanza -pocas, últimamente-, comparto alguna actividad de vez en cuando, incluyo textos, comento algo que he localizado en la Red o, por encima de todo, escribo sobre mí mismo de manera directa o indirecta, que es mi tema favorito -¿no lo es vuestro también?-. Soy plenamente consciente de que la ampliación temática del blog es una traición a aquellos primeros receptores del mismo o a los nuevos que llegan a él a través de canales educativos en los que aparece referenciado , lo que trae como consecuencia, por ejemplo, la desaparición de algunos de los comentaristas de los primeros tiempos. El receptor en quien pensamos se convierte, por tanto, en una de las cadenas que quiebran la libertad del autor de blogs, y romper dicha cadena es algo traumático y, ciertamente, no fácil de realizar, ya que la cadena que ata también da seguridad y es un aliciente para seguir la marcha.

La otra gran cadena que constriñe la libertad del bloguero es el comentario y la referencia, testimonio explicito de la visita y, por encima de ella, del impacto de lo escrito sobre quien lo lee. Estamos acostumbrados a leer numerosos posts que versan sobre cómo conseguir el éxito de un blog, dando a entender que dicho éxito va indisolublemente unido al número de comentarios y enlaces que apuntan al mismo. Cada entrada publicada sin ningún comentario la vemos como una entrada fracasada, un texto en el que hemos puesto un esfuerzo que no se ve recompensado. Creo que serán pocos los autores que no hayan sentido en algún momento esa sensación, lo mismo que creo que serán pocos los que no sientan cierta envidia hacia aquellos otros blogs cuyas entradas se llenan de comentarios. ¿Qué tienen otros que no tenga yo? A veces esa búsqueda del comentario, de la retroalimentación, provoca que alteremos en alguna medida nuestra línea editorial, que busquemos asuntos que puedan generar cierta polémica o que incluyamos peticiones de feedback, a veces verdaderas bajadas de pantalones con el único objetivo de constatar que ciertamente tenemos una audiencia. Los sistemas de estadísticas nos confirman que existen esos receptores, pero es el comentario lo que nos da la vida en la blogosfera. Cuando se produce el desajuste entre visitas y comentarios nuestras cabezas comenzan a cavilar, se estrujan las meninges en un intento vano por comprender a qué se debe. Es algo que me sucede últimamente. Desde que publico de manera más asidua en esta bitácora, el número de visitas ha subido de manera abrumadora, pasando de las 100 diarias a las 300 y pico en el último mes, sin contar, supongo, las posibles lecturas a través de agregadores RSS. Sin embargo, los comentarios escasean. Otra razón más para el sufrimiento brogueril que podría resolverse si fuésemos capaces de romper con lo que nos aprisiona.

Una tercera cadena atenaza al autor de weblogs: la tecnología. Soy fiel defensor de que en los blogs se comunique no sólo con los contenidos de cada entrada, sino también con la apariencia del propio medio. Pero debemos tener claro que hay que llegar a alcanzar lo que los clásicos llamaban aurea mediocritas o el centro, lugar donde se encuentra la virtud, según nuestro refrán popular. Muy a menudo nos vemos envueltos en verdaderas batallas tecnológicas que -abandonad toda esperanza- nunca seremos capaces de ganar: el plugin que se resiste, las continuas actualizaciones del software de publicación, las plantillas que, a veces, parecen tener vida propia, el último widget que pinchamos en la barra lateral y que una vez que lo vemos funcionando pensamos por qué narices lo habremos colocado allí. Y se nos olvida publicar nuevos contenidos envueltos como estamos en una refriega digna de Sísifo .

Uróboros¿Y cómo no dedicar unas palabras a la publicación regular? Si no publicamos con cierta regularidad no tendremos visitas; si no tenemos visitas no encontramos ese acicate para dedicar un tiempo a la redacción de la entrada. Uróboros, la serpiente que se muerde la cola en versión bitacorera. ¡Qué trabajo nos cuesta a algunos mantener esa regularidad! ¡Qué difícil es tener cada día un asunto sobre el que escribir al menos un par de párrafos con sentido! Lógicamente todo depende del tipo de blog que mantengamos. En algunos casos es relativamente fácil construir un post en unos minutos comentando en unas líneas una aplicación descubierta, referenciando la entrada de otro. Pero no todas las bitácoras pueden vivir/beber de lo mismo si no queremos caer en la continua repetición, uno de los males y también característica de la blogosfera. Un post necesita de una reflexión previa, una búsqueda de fuentes, la comprobación de que no es algo escrito recientemente por otro, la redacción y la construcción, en el caso de que lo apoyemos con textos en otros códigos. Hacer eso a diario es una tarea tremendamente complicada cuando no somos profesionales del asunto y no disponemos del tiempo necesario. No sé cómo escribiréis vosotros, pero algunas de mis entradas aparecen publicadas después de varios días de darle vueltas en la cabeza hasta que encuentro el momento de sentarme ante el ordenador y escribir. Eso me ata, me obliga a pensar una y otra vez sobre las ideas que quiero expresar hasta que llego al momento en que, al fin, pulso el botón de publicación. Me he liberado, aunque sólo por un instante. Comienzo a pensar en la acogida de mi texto, comienza la prisión de la referencia.

Vemos los blogs como una poderosa herramienta con la que ayudarnos en nuestra particular conquista de la libertad, sin embargo en su misma esencia esconde la trampa, un laberinto de dependencias que en determinadas ocasiones nos lleva a romper con todo y abandonar, a veces por un tiempo, a veces para siempre. No hay nada perfecto, nada satisface por completo. El blog te hace libre, pero te encadena con sus mañas a esa libertad que quieres conquistar cada día, con cada entrada.

Anuncios

7 comentarios en “Del blog y sus cadenas

  1. Joder, casi me obligas a ponerte un comentario para que no decaiga tu producción.
    Es evidente, no todos los blogs tienen el mismo peso, y éste lo hemos echado de menos durante bastante tiempo. Me alegra más ver una actualización de este blog en mi lector que cuatro noticias sin leer en otras bitácoras. Eso lleva un trabajo, y el trabajo, todos lo sabemos, es tortura. De libertad, nada.

  2. Una entrada muy lúcida, José Mª, con la que es imposible no estar de acuerdo. Y no sólo eso: yo me siento diagnosticado, fotografiado y diseccionado hasta la última fibra de mis entretelas por el retrato que has hecho de los afanes por los que pasa el autor de un blog.

  3. Me ha gustado mucho este artículo.

    La autoobligación de escribir exige dedicarle tiempo y esfuerzo.

    Tener visitas siempre es un aliciente, aunque creo que puede darse el riesgo de escribir principalmente para tener muchas visitas. Creo que es más importante escribir con enfoque en otros elementos. Posiblemente nunca deje la escritura una satisfacción grande, pero sí profunda cuando se preparan los escritos y se reflexiona y documenta sobre lo que se va a escribir y creo que este esfuerzo es el que proporciona una cierta satisfacción.

    Enhorabuena por este artículo, es de los que hacen reflexionar.

  4. Mmm.. kreo ke eso no se aplica en todos los casos. Por ejemplo, a mí me gusta mucho mi blog [[http://iluziiones.blogspot.com]] y me gusta también publicar en él, pero generalmente me pasa que cada vez que entro para crear una nueva entrada, necesito leer algo de lo que ya escribí antes, y no siempre termino publicando algo nuevo. Me siento atraída a lo que ya expuse, a veces porque son sentimientos que aún estñan muy dentro de mí y me siguen dando para pensar. Entonces, al final, la adicción para mí deja de ser el publicar y se convierte en el releer, aunque no lo necesito, no es imprescindible. El blog sólo termina siendo una prisión en la medida en que lo que escribimos no nos satisface completamente, por lo que necesitamos seguir escribiendo y publicando para poder acercarnos a esa satisfacción, ¿no crees?

    Sinceramente, Vanne..

  5. Me ha gustado mucho la reflexión. Es así como dices, pero esa zozobra del bloguero ante “sus” lectores, ante la técnica, ante sí mismo… es parte de la gracia del juego. Porque, en parte,todo esto es un juego (por lo gratuito, por la mezcla de gozo y esfuerzo, por el riesgo de perder, por lo circular…). Enhorabuena por stu post.

  6. Tu punto de vista me parece interesante en el sentido de que expresas esos sentimientos e ideas que a muchos de los que intentamos escribir un blog nos pasan por la cabeza.

    Personalmente he optado por reflexionar sobre las razones por las que me gusta escribir de vez en cuando. Para muchos la apertura de la internet significa una oportunidad para dar a conocer sus ideas y tal vez,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s