La vida de los otros

La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006) es una película que anda despacio. Ritmo lento, planos cortos de un protagonista que se define por sus gestos y no por las palabras pronunciadas. No hay excesos que salpiquen el filme, ni gesticulación, ni logorrea. Me pareció una película tranquila con un argumento intranquilizante.

Es una película violenta sin violencia explícita e hiperbólica. Nos habla sobre cómo el poder y un estado pretende controlar las vidas de los ciudadanos. Violencia, por tanto. Pero no hay palizas, ni patadas en las puertas, ni destrozos exagerados. Los agresores se conducen con educación en las maneras, llaman al timbre, avisan. No es necesario golpear a nadie con los puños cuando hay otros sistemas que permiten hundir la entereza del sospechoso.

Es una película sobre la integridad de las personas, sobre la integridad posible de quien se ocupa de controlar y de quien es controlado. No hay traiciones gratuitas, las acciones de los personajes están plenamente justificadas. Evidentemente, hay “malos”, pero hay “buenos” entre los malos y hay víctimas que no pueden permitirse seguir siéndolo.

Es una película que apunta hacia otras con breves referencias. Piensas en La conversación de Coppola (1974) en el momento en que uno de los protagonistas descubre los micrófonos instalados en su casa. Piensas en Good bye, Lenin, de Wolfgang Becker (2003), al final del filme cuando uno de los personajes se cuestiona la unificación de las dos Alemanias. Piensas en Balas sobre Brodway, de Woody Allen (1994), desde que intuyes la labor de escritura del capitán de la Stassi.

Es una película sobre la derrota. La derrota de las ideas y de las personas. Pero también es un filme sobre la vida que sigue su marcha a pesar de las derrotas.

Por todo lo anterior me ha gustado mucho La vida de los otros. Os dejo, como despedida, el trailer español del filme.

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2 comentarios en “La vida de los otros

  1. Una película espléndida, en efecto. Para mi gusto, la mejor de todas las que han competido por los Oscar. A mí me dejó pegado a la butaca. Qué maravilla de actuaciones, de guión, de puesta en escena.

  2. En mi opinión, la película fracasa en cuanto a recreación histórica: acaba dando la impresión de que lo que fallaba en la RDA no era el sistema, sino las personas que lo manejaban desde arriba. Por fortuna para todos, sin embargo, es un excelente retrato del alma humana y sus conflictos más básicos. ¿Quién no duda? ¿Quién no siente que su vida es una mentira? Pues todos los que lo hacen, que vayan a verla. Se verán reflejados. Y si quieren leer más sobre este punto de vista, sugiero que visiten Mitte.

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