De puertos balleneros: Nantucket

Nantucket-Lighthouse-Print-C10025296.jpegDesde que leí por primera vez Moby Dick (traducción al español y artículo de la Wikipedia en inglés), supongo que en una de esas ediciones aligeradas que me permitieron enamorarme de muchísimos personajes y lugares sin cansancio, siempre he deseado visitar Nantucket.

Llamadme Ismael, si queréis, pero lo que rodea ese libro y su arranque en la pequeña isla de los balleneros me atrae poderosamente. El oscuro maestro que decide correr una aventura que a todas luces le superará y transformará su vida, las gentes que esperan durante años la vuelta de los marineros, el faro que simboliza como nada la espera, porque es la luz que se deja encendida para marcar el camino de regreso, las ballenas en lontananza, la obsesión. Todo está en Nantucket, allí se gesta la narración y en ella confluyen todas las historias: la muerte, pero también la vida; la esperanza y la frustración; el deber y la perseverancia más allá de toda razón.

barco2.jpgLos barcos de hoy hacen imaginar los del ayer, el puerto turístico no debe hacernos olvidar que una vez hubo allí un puerto industrial, que fue el centro de reunión de los balleneros que zarpaban en busca del aceite de vida, del aceite que daba luz y permitía que el ser humano venciera con sus artimañas a la noche; centro del mundo, centro de luz. En la edad de oro de Nantucket los mapas de la tierra todavía estaban plagados de grandes espacios en blanco, poblados por seres aterradores, monstruos que reinaban sobre ella o en sus profundidades. El hombre intentaba vencerlos, como en otro tiempo los caballeros se enfrentaban a los dragones para demostrar que nuestra especie estaba destinada a reinar sobre la faz del universo. Se hacía necesario imponer la ley del hombre, irracional, invencible, segura de su victoria: Ahab.

nantucket.jpgY todo juez y verdugo necesita de su cronista -Ismael, Melville-, al igual que necesita de sus víctimas -el monstruo, la tripulación, las familias- y sus alguaciles -los marineros filipinos, la obcecación contagiada-. Ahab se hace Ahab en el Pequod y, por supuesto, en Nantucket, puerto ballenero, orto y ocaso de una de las historias más maravillosas que el hombre ha sido capaz de contar.

 

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