Hemingway y los blogs

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"El primer borrador de cualquier cosa es siempre una mierda"
Ernest Hemingway.

No hace mucho leí una novela que utilizaba como pórtico esta cita de Hemingway. Me hizo gracia la forma tan típica y tópicamente característica del americano de las barbas blancas de referirse al imperativo del trabajo en todo acto creativo. Sin duda se puede decir más alto, aunque no más claro.

Primera digresión.

¿Las citas son realmente de los autores a los que se asigna? Siempre me lo he preguntado. En algunos casos me parecen creíbles, pero en su conjunto, el universo literario paralelo de la frase contundente y lapidaria me parece tan acertado, tan clave, que no puedo evitar pensar que los autores que las utilizan las construyen primero y después buscan un escritor de renombre o chic o modelno o superchulo o superclásico o desconocido para la mayoría pero con un nombre que nos dice que deberíamos conocerlo, al que asignar la frase con un mínimo de coherencia. Al fin y al cabo, ¿cómo se demuestra que una cita no es de quien se dice que es?

Volviendo al asunto que nos ocupa. Todo acto creativo o de otra índole necesita de una preparación, de una sucesión de borradores a través de los cuales ir limando imperfecciones, sandeces y obviedades, porque lo que sale de nuestra cabeza a las primeras de cambio, como dice Hemingway, es una verdadera mierda; lo que, en términos generales, no dice mucho de la espontaneidad del pensamiento humano, pero lo que es es lo que es.

Sin embargo -a mí me sucede así, como lector y como autor- en los blogs valoramos esa espontaneidad. Bloguear y comentar es hacer anotaciones rápidas, en muchas ocasiones, exponer las ideas sin pararse a organizarlas según un plan previamente trazado, sin medir las consecuencias de nuestro discurso. Con brevedad.

Estoy seguro de que podréis lanzar a la cara de este blog un sin número de posts y de bitácoras completas que niegan esta idea. ¿Son blogs? Sin duda lo son, pero en un estadio en el que parecen -me parece- no haber roto aún los lazos con el discurso de procedencia: la literatura en cualquiera de sus géneros tradicionales. Es probable que la escritura de las bitácoras esté inaugurando un nuevo género literario, no tanto por los contenidos, que siempre serán los que ya son, sino más bien por la forma de abordaje de los mismos, derivada de las peculiaridades del canal empleado en el que prima el momento, la inmediatez, la ampliación mediante el enlace a la fuente, la facilidad y rapidez de lectura. ¿Tiene sentido, por ejemplo, un post tan largo como éste? Sinceramente creo que no. Y eso que se trata de un primer borrador y, por tanto, de una auténtica bazofia, si aplicamos la idea de Hemingway, convertida en un valor y rasgo definitorio de la escritura bloguera.

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Un comentario en “Hemingway y los blogs

  1. Hablando de Hemingway, hoy escribi esto y estoy buscando donde publicarlo porque no tengo blog personal ni me interesa. Gracias.

    UN ENCUENTRO INUSUAL

    Frente a ese intenso dolor solo pude contraer los musculos de mi cara, sujetarme con una mano al borde del vanitorio y apoyar la Prestobarba en la superficie abierta del espejo del botiquín mientras miraba el agua de la canilla correr vertiginosamente.
    Hacia una semana, de que habia comprado el espejo del botiquin en un bazaar de articulos de segunda mano, y aunque no soy partidario de esa clase de gastos, este se veia algo tentador, sobre todo por el precio, y la insistencia del hombre que me lo vendió.
    Luego de limpiar la hoja de afeitar con el punzante chorro de agua, cerré el paso y levanté la vista para ver que tan profundo era el corte en mi mentón.
    Fue en ese momento cuando la realidad parecio ser absorbida por un remolino de colores divergentes y senti una gran picason en mis manos, y pude sentir tambien como mis pies se despegaban del suelo.
    Una fuerza sobrenatural me tomo de los hombros y me tiraba hacia arriba en intervalos de variada intensidad. Intenté resistirme con todas mis fuerzas, siempre sujeto al vanitorio con mi mano izquierda; fue imposible. La fuerza era superior a cualquier fuerza sentida alguna vez, me sofocaba, y solo pude sentir el miedo de quien ve pasar su vida por su mente en un instante.
    Al mirarme al espejo, casi por ultima vez, vi el rostro de un hombre, de barbas blancas, con una gorra en tonos camufla y un gesto de locura victoriosa y demoniaca. En ese momento, la fuerza cesó.
    La incertidumbre, recorrió cada terminal nervioso de mi cuerpo, y solo senti la necesidad de huir y refugiarme en un sitio limpio y bien iluminado. Todo habia terminado, y tal vez hubiera sido solo una mala pasada de mis sentidos.
    Despues del suspiro, despues de creer que todo habia terminado, y de limpiar las gotas de sudor de mi frente, volvi a sentir esa fuerza descomunal actuando sobre mis hombros desnudos, solo que esta vez la imagen del espejo fue impactante.
    Lo ultimo que alcanze a ver, fue la enorme punta de un anzuelo oxidado atravesando mi mentón, asomando otras puntas entre la herida causada por la hoja de afeitar y mis labios sangrando como cataratas.
    Mi cuerpo temblaba como un pez fuera del agua, y al abrir los ojos, y mirar hacia el suelo, vi que estaba sostenido por una superficie de una textura y consistencia parecidas al algodón.
    Al mirar hacia mis espaldas, vi al hombre de barbas blancas y gorra camuflada, sonriente, y con un vaso en la mano.
    Ante esa imagen irreal, y nunca antes experimentada por mis ojos, no sentí miedo alguno; Si desconcierto. No quedó otra alternativa; quise saber donde me encontraba e intente hablar al hombre que justo se daba vuelta y pude ver su cuello viejo y arrugado, pero viejo sobre todo. Todo en el era viejo.
    El hombre iba caminando con un paso muy seguro. Usaba una remera marinera de rayas azules, y pude ver en el interior de su vaso una bebida de un color verde irisdicente.

    -Hey!_ le dije, y segui observando a mi alrededor, la envoltura celeste tan real como la de un fresco hiperrealista.
    -Hey! Te estoy hablando_ volví a repetir, y el hombre pareció por fin escuchar, ya que se dio media vuelta y, frunciendo su ceño, me dirigio su mirada y contestó:
    -Que pasa?
    -Que pasa? Eso me gustaria saber, solo se que recien estaba afeitandome en la comodidad de mi…
    -Yo solo estoy pescando, y es la primera vez que una de mis presas muestra tanta insolencia-
    -Insolencia? Insolencia? Me importa muy poco la insolencia. Como es que apareci aqui? Eso es mas importante para mi que tu estupido ego, viejo salvaje.
    -Oh, pequeño parasito, tendria que destrozarte de un pisotón, nisiquiera sabes quien soy ni donde estas parado, y ya te atreves a desenrollar esa maldita lengua viperina, pobre de ti, pobre pobre de ti. Lleva dos años aprender a hablar, y sesenta aprender a callar._ dijo el anciano, de gran porte por cierto, mientras se daba vuelta nuevamente.

    -Bueno, tal vez tenga razón en lo que dice.- le dije.
    -Sepa disculparme. Puedo saber donde estoy? y quien es Ud señor?
    -Estas en una pintura de Tomas Hudson.No.Im-becil. Estas en mi nube, esto es el cielo, y acostumbro venir aqui a pescar. Ahora, deja de estorbarme con tus preguntas, y a ver si por lo menos vas a serme de utilidad aqui.
    Lo miré una vez mas, y no tuve mas dudas en mi mente. Luego de reorganizar mi mapa mental, contuve la respiración, y volvi a preguntar…
    -Ernesto?
    -Quien mas? Vamos, alcanzame esa cocktelera, y deja ya de hablar que vas a ahuyentar mis peces, tengo mucho que hacer, y tal vez puedas acompañarme de ahora en adelante.

    Miré una vez mas hacia el suelo. En efecto, era una nube. Ese intenso dolor habia desaparecido. Probablemente estuviera muerto, quien sabe, pero el espectaculo de la luz del sol, atravesando mis pestañas y desfragmentandose en siete colores ante mi retina, mientras veia al viejo caminando de espaldas, con el humo de su pipa escapando prendido de brisas pasajeras, me hizo sentir mas vivo que nunca.

    Martín Sáenz
    21 años

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