¡Qué poco trabajamos algunos profesores!

Andaba hoy en el Aula de Informática con un curso de 4º de ESO la mar de relajadito. Los estudiantes trabajaban en un ejercicio de comprensión de textos sobre un poema de Joaquín Sabina que les había planteado en el Moodle que utilizamos como plataforma de clase y todo iba como la seda: silencio, trabajo, preguntas y respuestas relajadas. Ideal.

En esas estábamos cuando un compañero viene a hacerme una pregunta y se queda admirado de cómo está funcionando la clase y me prgunta si él podría hacer algo similar.

– Pues faltaría más -le contesto-. Cuando quieras te explico cómo hacerlo.

Me dice que ese puede ser un buen momento, ya que mis alumnos están trabajando de forma autónoma y él tiene un huequecillo de horario. Nos ponemos a la tarea y le explico sucintamente cómo he preparado la actividad del día: he buscado el texto de la canción y lo he pegado en el ejercicio, he buscado un video para que los chavales puedan oir el tema y ver a Sabina, he buscado una caricatura del cantante para ilustrar el asunto, he planteado una serie de cuestiones, algunas de comprensión y otras que exigen buscar información a través de una serie de pistas, de manera que se practiquen también algunos rudimentos de búsqueda en Internet que, en la misma clase, he explicado verbalmente. Después, en pocos casos, he creado una tarea en Moodle para que los alumnos contesten mediante el editor en línea. Ya está.

– ¡Pero eso tiene un curro tremendo! -me dice-. Así no sé qué es lo que consigues.

Menos mal que sonó la campana de fin de la clase y no tuve que contestarle.

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5 comentarios en “¡Qué poco trabajamos algunos profesores!

  1. Me suena tantísimo lo que relatas. Es un ejemplo más del tópico ” Uy, esto es mucho trabajo”.
    ¿Hay mejor respuesta que el silencio en estos casos? Creo que el silencio otorga más que nunca.

  2. Es, por desgracia -para ellos- lo que más se oye.
    No de dan cuenta que un esfuerzo inicial compensa rápidamente, pues basta tener varias secciones de la misma materia amortizar el trabajo. Y pensando en los que aún nos queda bastante para jubilarnos… muchos años a “vivir del cuento” de unas actividades bien preparadas previamente.
    Lo de a vivir del cuento, entre comillas pues siendocomo somos culos inquietos lonormal es que las retoquemos una y otra vez.

    Pero locierto es que en mi opinión estas actividades QUITAN TRABAJO y además gustan enormemente a los chavales. ¡que más podemos pedir!

  3. Lo cierto es que eso ha ocurrido siempre, desde tiempo inmemorial. Todavía recuerdo un ejemplar que, al ver mis notas bibliográficas de una asignatura “cómoda” (veinte-treinta referencias para orientarme, nada del otro jueves) va y me dice: “¿Y todo eso te lo has leído?”

  4. Leyendo tu post me he acordado de muchos de mis compañeros a los que les extrañaba que en mis clases normales los chavales armaran mucho escandalo y que cuando nos ibamos a la clase de informártica, a seguir trabajando con el mismo tema, no se oia ningún murmullo.
    Cuando uno de ellos me pregunto que por que era eso así e hice, como tú un breve resumen de mi trabajo para conseguirlo… Bueno, creo que la cara de mi compañero la habrás visto reflejada en tu compañero que comentas.
    Como dice una compañera, lo que hice fue dar la callada por respuesta.
    Saludos.

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