Sobre el acoso escolar

Al parecer, el estudio Violencia y Acoso Escolar en España, dirigido por Araceli Oñate e Iñaki Piñuel está levantando ampollas en una sociedad como la nuestra que solamente se ocupa de cuestiones educativas en circunstancias extremas. Los datos, sin duda, son dramáticos y los que nos intentamos ganar la vida honradamente trabajando en la enseñanza bien que lo sabemos. Precisamente por eso, es posible que estemos más atentos a signos violentos en nuestro alrededor. Cuento una anécdota.

Este mes de julio pasado bajamos por la tarde a la piscina de mi urbanización -siento ser tan previsiblemente burgués- como cada día. Allí nos bañamos, mis hijas jugaron con sus amigas, lo normal de las vacaciones. Esa tarde me dio por ponerme contemplativo y me dediqué a observar a los demás grupos que por allí estaban: las señoras que hacían punto, los jovencitos que escuchaban música, los grupos de hombres de mediana edad charlando a voces después de jugar un partidillo de paddle, los críos más pequeños que jugaban con muñequillos variados. Lo normal, supongo. Se estaba muy a gusto, a qué negarlo.

No sé muy bien por qué me fijé en un grupito de nenes de unos 6 o 7 años que, al poco rato, empezaron a elevar sus voces, a reñir entre ellos y, uno de ellos, a llamar a su padre (que estaba en el grupo de los jugadores de paddle): se le había perdido un muñeco. El padre llegó y se puso a buscar el juguetito por entre las toallas, en los maceteros, interrogó a los otros compañeros de juegos de su hijo, pero todo si éxito. En esas estaba cuando su hijo vio que otro niño jugaba tranquilamente en su toalla con un muñeco, con su muñeco. Hacia él se dirigió, se lo arrebató de las manos sin cruzar palabra y volvió, ya con la figurita, a donde el padre seguía buscando. Padre e hijo marcharon a la otra esquina de la piscina con la intención de guardar el puñetero juguete, supongo, y al pasar junto al niño que lo había cogido, el dueño del obscuro objeto del deseo dijo:

– Como vuelvas a coger mi muñeco te voy a matar.

El padre no dijo nada a su hijo, no afeó su conducta, simplemente continuó con su niño de su alma hacia delante, cogidito de la mano, protegido de aquellos que toman muñecos abandonados del suelo y cometen la tremenda felonía de ponerse a jugar con ellos. No lo olvidéis: es el rey de su casa, el niño de su alma.

Quisiera creer que no, pero ese crío, con ese padre que no es capaz de educar en los más mínimos principios, me parece que presenta un perfil acosador.

El problema no es de la LOGSE, ni de la escuela, ni de la Enseñanza Secundaria, ni del profesorado. El problema es de nuestro país, de una sociedad en la que algunas personas confunden habitualmente el tocino con la velocidad; de una sociedad en la que esas mismas personas, ante una noticia de este tipo, son capaces de escribir un primer comentario como "¡Díos, qué fea", como podéis leer en la noticia publicada en 20 Minutos, o "Gracias a los papas y mamas sociolistos que impusieron su logse y luego su loe Fracaso para fracasados", en otra noticia sobre el mismo asunto. Lo cierto es que el papá de la historia que os he contado no era precisamente socialista, si es que su filiación política tiene alguna importancia, que yo no lo creo.

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3 comentarios en “Sobre el acoso escolar

  1. Estimado amigo:
    No sé pero tengo la impresión de que su artículo queda algo sesgado. Habla primero de las ampollas que está levantando un determinado estudio, del que hoy hablaba la prensa y la cadena Ser, sobre la violencia escolar, el llamado bullying, para luego pasar a relatar una anécdota que vio en la piscina del que saca la conclusión de que aquel muchacho presenta un perfil acosador. Puede ser, pero el modo de razonamiento es traído un poco por los pelos. No distingo bien el fondo de la argumentación. No sé si hay una defensa de la Logse a tenor de los titulares en periodicos populares (es una forma de hablar) o una reflexión sobre los valores dominantes entre determinado tipo de padres. Soy profesor de secundaria de un instituto público en una zona de inmigración intensa. Mis impresiones sobre el acoso escolar es que existe pero que este estudio lo ha sobredimensionado. Lo que me encuentro cada día son historias dispares algunas deprimentes y algunas ejemplares. En las aulas hay de todo. De lo mejor. He visto a muchachos ayudando sinceramente al inmigrante recién llegado y que nos sabe una palabra de español. Y de lo peor. Hay padres que consienten todo a sus hijos y hay otros que son estupendos educadores. No sé cuál es el patrón dominante porque la complejidad es el espectáculo habitual, pero considero que las conclusiones de este estudio son algo exageradas. El clima de las aulas no es tan nefasto, eso sin quitarle importancia a algo que debemos dársela como es el acoso escolar que sí existe pero no en grado tan elevado. Hay que matizar todo un poco.

  2. Cuando entró la LOCE, cuando a ésta la sustituyó la LOE (y el próximo cambio también ocurrirá), me preguntaron personas relativamente ajenas al sistema educativo por mi opinión. Y siempre ha sido la misma: “Nadie en la clase política tiene narices para decirle a los padres cuál es la responsabilidad que tienen en la educación de sus hijos. Entre otras cosas, porque de entrada ya perderían cualquier oportunidad electoral”. Resultan ridículas las algaradas de algunos sindicatos pidiendo más dinero para evitar el acoso o el fracaso escolar.
    Y yo, sinceramente, no encuentro tan traída por los pelos la anécdota del aprendiz de matón. Es sencillamente iluminadora de algo que ocurre muy a menudo: que nadie toque a mi retoño, pero que él haga lo que le dé la gana. Llevo años viéndolo en las calles, en la playa, el campo… y ante un Jefe de Estudios. Desde luego que hay muchos padres que se preocupan de la educación de sus hijos, pero es que de los otros no debería haber casi ninguno, y me temo que la anomía se nos viene encima como una avalancha.
    No voy a hacer el experimento de bajar a preguntarles por su educación a los alegres mozalbetes motorizados que invaden las aceras de mi obrero bloque de pisos, o que me obsequian con sus equipos de música a toda pastilla siesta sí y siesta también, pero invito a quienes hablan del idilio educativo y civilizatorio a que lo hagan por mí. Y ya sé que esto también está traído por los pelos.

  3. No soy defensor de la Logse y posteriores leyes educativas. Me limito a convivir con ella cada día, al igual que usted. Respecto a lo de que la anécdota está un poco traída por los pelos, he de reconocer que es así. Lo que sucede es que cuando asistí a los hechos pensé, inmediatamente, que estaba viendo un caso de acoso hacia un crío más pequeño que se limitó a coger algo que encontró en el suelo. Lo que me indignó no fueron las palabras del niño “supuestamente acosador”, sino la actitud de un adulto que no es capaz de decirle a su hijo de 7 años que no se amenaza a nadie. A donde quería llegar es al hecho, según pienso, de que los casos de acoso escolar son producto de nuestra sociedad y similares a otras situaciones de acoso que se producen en otros ámbitos, como también refleja el estudio en cuestión.

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