La película de la semana: Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962)

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No hace mucho estuve viendo la espléndida Capote, un filme que me pareció interesantísimo por su forma de adentrarse en el proceso de creación y como reflexión sobre la relación entre arte y moralidad. El caso es que entre los personajes secundarios de la película aparece Harper Lee, amiga y compañera de Truman Capote y autora de una única novela, Matar a un ruiseñor (1960), que un par de años después adaptó al cine Robert Mulligan.

Esta es, sin lugar a dudas, una de mis películas preferidas. Si no habéis tenido la oportunidad de verla, gracias a Like Television podéis disfrutarla en versión original  gracias a esta maravilla que es Internet. Os dejo el enlace:

To kill a Mockingbird

(si preferís descargarla, podéis acceder a la página que le dedica Like Television)

Como ya os he dicho, se trata de uno de mis filmes preferidos, y por eso suelo ponerla en clase de Medios de Comunicación cada año para intentar profundizar en ella. También, hace ya algunos años, no pude evitar escribir un relatillo sobre Atticus, el héroe protagonista del filme. Os lo dejo a continuación.

La profundidad de los raíles

Sentado en el columpio del porche en qué piensa Atticus. Lentamente ha extendido su brazo derecho y lo hace descansar sobre el respaldo del asiento. Ya ha caído la noche de otra día más, de otro verano lento, cálido. Fija su mirada en el árbol hueco de la calle -¿en qué piensas, Atticus?-. No fuma, no hace nada, solamente parece dejar pasar el tiempo.

Atticus trabaja desde temprano y vuelve a casa roto para comenzar la verdadera batalla de cada día. Soledad entre los juegos infantiles -¿realmente va contigo esta guerra, Atticus?-. Supongo que cada noche se sienta en el columpio en la misma postura y piensa que mañana no volverá del trabajo, que al salir del despacho caminará por la calle mayor pero no girará a la izquierda como cada día, sino que continuará caminando en línea recta hasta llegar a la estación -¿hay estación de tren en tu pueblo, Atticus?-. Allí, el jefe de estación le saludará -"Buenas noches, señor Finch"- y quizás le agradezca lo que un día hizo por él y su familia. En el columpio de su porche, esta noche, Atticus se imagina sentado en la misma postura en el banco del andén mirando la profundidad de los raíles. Casi puede oír el ritmo metálico del ferrocarril de la tarde acercándose.

Pero hoy Atticus no siguió caminando, volvió a casa como siempre y saludó a la vieja vecina medio loca, como siempre, sus hijos explotaron un instante al verle y en seguida volvieron a sus juegos en torno al árbol hueco, como siempre. Al anochecer, la cena, los ritos repetidos -¿leerás a tu hija un cuento, verdad, Atticus?- y el sueño y la noche y sólo la soledad al marcharse Calpurnia a estrellarse con su otra vida pensando en que tampoco hoy el señor Finch la había invitado a sentarse un momento en el columpio del porche.

Sentado al aire de la noche mira el árbol hueco y piensa que mañana irá a la estación, que subirá al tren y que llegará al final de la profundidad de los raíles.

Silencio. Todos. El señor Atticus Finch se marcha.

 

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3 comentarios en “La película de la semana: Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962)

  1. También es ésta una de mis películas favoritas y la considero una de las más bellas de la historia del cine.
    En particular me gusta el tratamiento que se hace de los objetos,tan evocadores ya desde los mismos títulos de crédito. Me parece que los niños están muy cerca del mundo físico porque lo están descubriendo, y sólo con el proceso de madurez, acelerado y hasta cierto punto inesperado, que producen en sus vidas los acontecimientos de la película, llegan a superar esa fase y avanzar hacia la abstracción. El personaje interpretado por Robert Duvall se comunica mediante los objetos que deja en el árbol, después de todo él es, hasta cierto punto, aún un niño y siempre lo será. La niña al encontrar el objeto lo trasciende y en quien se fija verdaderamente es en él. Sencillo, hermoso y significativo.
    En cuanto a Atticus, creo que muchos quisiéramos que si Dios existiera, fuera como él.

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