El blog y el tiempo

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

Blade Runner (Ridley Scott, 1982)

El blog es presente. La fecha de cada uno de nuestros post así lo dice. Pero, a veces, pensamos en lo lastimoso de que lo que escribimos hoy acabe olvidándose, perdiéndose en las profundidades de la memoria y de la base de datos de nuestro software de publicación.

El blog es dramáticamente presente, pero a sus autores, creadores, usuarios, incluso lectores, les cuesta trabajo asumir tal verdad consustancial al propio medio. Como consecuencia, la blogosfera, la web, se esfuerza en articular mecanismos que contrarien esa peculiaridad: agrupación de los posts por categorías, etiquetas, orden cronológico, cajetines de búsqueda, marcadores sociales, plugins que ofrezcan escritos aleatorios o de hace un año, por ejemplo. Intentos, posiblemente vanos, de vencer el tiempo, de canalizar las visitas hacia el mas allá de la página de inicio.

Sin embargo, pese a todas esas tareas, el tiempo, su paso, acabará por atrapar brutalmente nuestros esfuerzos, ideas, en forma de post. ¿Qué pasará cuando dejemos de publicar? ¿Qué sucederá cuando el tiempo real nos derrote? ¿Qué habremos dejado? Caducarán los alojamientos, se borrarán las páginas, las ideas, los sentimientos lanzados. El tiempo demostrará su gran verdad y de nosotros no quedará memoria, no "dejaremos harto consuelo" a nadie.

Supongo que esta verdad del tiempo aplicada a nuestros blogs es la que justifica que aparezcan ofertas de editoriales para publicar en libro las bitácoras. Porque el libro permanece por más tiempo en los que nos son cercanos, cría polvo real en las estanterías del hogar, es un legado a nuestros hijos: yo fui bloguero, fui autor, dediqué tiempo y esfuerzo a comunicar. Y luché contra el tiempo. Y fui derrotado.

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5 comentarios en “El blog y el tiempo

  1. Esta evidencia de lo efímero de los posts que día a día vamos urdiendo con tanta aplicación se me impuso hace unos días cuando cambié de servidor. Todo lo que había estado escribiendo durante un año se quedaba en una casa abandonada. Pero no era eso lo peor: lo terrible era descubrir que sería vano rescatarlo, pues los posts ahora abandonados sólo tuvieron sentido -si alguno tenían- cuando se editaron. Con volver a ellos sólo se conseguía entregarse a la melancolía.

  2. Jose Mª, barroco estás. Pero tienes más razón que un santo. Y ya no sólo por el blog, ¿qué pasará con nuestras aulas virtuales, con nuestras webs de recursos cuando no tengan quien las cuide? Mi socia Lu y yo las tenemos en gananciales, pero, ¿y después? Un despilfarro.

  3. Esta reflexión algo metafísica me ronda por la mente desde que inicié mi andadura en la blogosfera. ¿A qué fin tanto esfuerzo?
    No tengo la respuesta, pero sigo aquí y allí y en mi blog y en el tuyo y en otros…

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