Amor y muerte en San Valentín

Hoy es el día de los enamorados. Día de cursilería, palabras manidas, flores y regalos. Amor, pero también muerte, porque el arte los ha unido siempre…

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

La pasión amorosa permite vencer a la propia muerte, nos dice Quevedo. El cuerpo enamorado no puede sin más desaparecer.

Puccini, en su Tosca, también juega con el amor y la muerte, como tantos otros. Escuchen cómo lucían las estrellas para el pintor Cavaradosi, que siente la desesperanza de su muerte inminente porque supone la pérdida de su amada; y es en ese momento en el que afirma categóricamente su amor a la vida, su amor a Tosca:

[http://www.auladeletras.net/musica/lucevan.mp3]

También os pongo el texto:

E lucevan le stelle,
ed olezzava la terra,
stridea l’uscio dell’orto,
e un passo sfiorava la rena…
Entrava ella, fragrante,
mi cadea fra le braccia…
Oh! Dolci baci, o languide carezze,
mentr’io fremente
le belle forme disciogliea dai veli!
Svanì per sempre il sogno mio d’amore…
L’ora è fuggita…
E muoio disperato!
E muoio disperato!
E non ho amato mai tanto la vita! Tanto la vita!

*****

Y brillaban las estrellas,
y olía la tierra,
chirriaba la puerta del huerto,
y unos pasos rozaban la arena…
Entraba ella, fragante,
caía entre mis brazos…
¡Oh, dulces besos! ¡Oh, lánguidas caricias,
mientras yo, tembloroso,
sus bellas formas desataba de sus velos!
Se desvaneció para siempre mi sueño de amor…
La hora ha pasado…
¡Y muero desesperado!
¡Y muero desesperado!
¡Y jamás he amado tanto la vida! ¡Tanto la vida!

 Y Cernuda, como no:

Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

La muerte y el olvido cernudiano como la máxima expresión de la pasión amorosa. Morir para renacer en el otro, olvidarse de sí mismo para recordarse tan sólo en el ser amado.

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