Trabajar con Rocío

Creo que ya he escrito en alguna ocasión sobre Rocío, alumna discapacitada de mi Centro. Probablemente debiera escribir más sobre ella y sus circunstancias escolares, que son para salir corriendo. Algún día quisiera escribir de largo sobre cómo las instituciones educativas (de las Consejerías a los Institutos o, incluso, los departamentos didácticos) atienden a este tipo de alumnos valiéndose de la buena voluntad de las personas (familia, alumnos, profesores, ordenanzas…) y de esa manera acaban afirmando que se produce una completa y total integración del alumnado discapacitado. La buena voluntad de las personas es la herramienta predilecta de la Administración; jugar con los sentimientos que provoca el trato con personas que han sufrido un mazazo brutal en sus vidas.

Hoy han venido a verme al Instituto unos compañeros de otra localidad que tiene este curso un alumno en condiciones similares a las de Rocío. Un inspector de la provincia les ha puesto en contacto conmigo, sí, "con ese chico que dicen que ha trabajado con la paralítica cerebral". Han llegado a las doce de la mañana, cuando ya había terminado mis clases de hoy (4), y se han sentado a escucharme muy atentamente. Ellos y el inspector y alguien de no sé dónde más. Vamos, que lo que iba a ser una charla informal se ha convertido en una mini-conferencia. Menos mal que me lo veía venir y estos días pasados he estado preparando la intervención con toda la parefernalia de presentación en pantalla, ejemplos de aplicaciones, sugerencias, bibliografía, baterías de recursos. Todo lo he preparado en mi tiempo libre. Y también he dado mi mini-charla en mi tiempo libre. Al final me lo han agradecido mucho, cosa de la que me alegro. También me lo ha agradecido el señor inspector.

Entendedme bien. No me importa ayudar a unos compañeros que se encuentran con un problema por el que ya he pasado. Lo que sí me importa algo más es que el contacto entre esos compañeros y yo se haya producido a través de la inspección educativa, de las instituciones educativas, y la respuesta final de estas sea un simple gracias. Me parece que, cuando menos, debiera certificarse el acto, ¿no os parece? No sé, me han presentado como "experto" y yo creo que con los "expertos" se trata de manera diferente.

Supongo que os parecerá una nimiedad lo que estoy contando; hasta es probable que os parezca un ser con un punto de mezquindad, pero os ruego que os pongáis en mi lugar. Llevo seis años trabajando con esta chica, tengo que pelearme cada día por que su ordenador esté en funcionamiento, invierto cada tarde una media de una hora en la preparación de materiales escolares, solamente otros dos compañeros se han dedicado a ella en estos años, cuando en mi Centro se habla de Rocío se hace refiriéndose a ella como un problema. El aprendizaje de esta cría se está produciendo gracias a la buena voluntad, a la caridad -¿por qué no llamarlo así?-, de ciertas personas sin el más mínimo reconocimiento profesional de su tarea. Y el señor inspector supongo que quedaría completamente satisfecho con su actuación educativa de hoy. Ha matado dos pájaros de un tiro: agradece a un profesor su trabajo y da a otros unas pautas para que se busquen la vida con su alumno discapacitado "siguiendo el método de trabajo del chico este". Asunto resuelto.

Lo de hoy me ha parecido un ejemplo más de cómo las Instituciones hacen dejación de sus responsabilidades apoyándose en la buena voluntad de las personas. Y en casos como el de Rocío o el de tantos otros no creo que deba hablarse de caridad, sino de justicia y de derecho a la educación. Derecho a la  enseñanza que esta alumna necesita. Eso es integración, y no el simple almacenaje de alumnos entre cuatro paredes.

Por si a alguien le interesa la intervención, os dejo el mapa conceptual que me ha servido de guía. Pulsad sobre la imagen para verla ampliada.

 rocio.jpg

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2 comentarios en “Trabajar con Rocío

  1. Me voy a comprar un sombrero, sólo para podérmelo quitar, como muestra de consideración y respeto.

    Llevas toda la razón, es un desatino lo que se está haciendo con estos chicos/as y es inadmisible que te hagan único responsable de lo que suceda con su proceso de aprendizaje

  2. Coño, lo menos que se hace es desplazar al ponente y no al público, con su dieta y su día libre por razones del servicio. Dieta que SÍ cobrará el señor inspector.
    Por lo que cuentas deduzco que habéis sido un par de Quijotes los que os habéis puesto manos a la obra con la muchacha. ¿Esto es integración?¿Para esto cerraron los centros especiales?
    Los casos que yo conozco han sido de personas ciegas (les repatea lo de “invidentes”), pero claro, ahí la pasta -en cantidades industriales- la pone la ONCE y sus poderosos medios: monitor individual, conversión de todos los materiales a formato braille, interfaces especiales… Ya que el Estado les ha hecho ganar tanto dinero, bien podía presionar para que los medios integradores estuvieran al alcance de todos. Y si no, a compensar al que trabaja y se faja con la tarea.

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