Convivencia en las aulas

Vía Burguillos-Educa he llegado a una noticia publicada en la edición sevillana de ABC en la que se relata el caso de una agresión sufrida por una profesora del IES Ramón Carande de Sevilla. Bueno, otro caso más, pensará alguno. El problema es que empiezan a ser demasiados los casos, y no me refiero exclusivamente a las agresiones hacia docentes, sino al clima de convivencia inestable que se está instaurando en los centros de secundaria, principalmente, en los que una mínima chispa puede hacer saltar un auténtico polvorín. El problema verdadero es que no existe, o al menos yo no conozco, una respuesta de la organización educativa ante el problema. ¿Qué hacer ante los conflictos? Mediar y, llegado el caso, sancionar. Y las sanciones, como sabemos, se reducen en la práctica a la expulsión temporal del aula, el cambio de grupo, la realización de tareas o, en el caso de las muy graves, el cambio de centro.

Personalmente, la solución "Cambio de centro" no me parece la más oportuna, ya que no resuelve el problema, sino que lo traslada. Es evidente que a veces es necesario proponer dicho cambio, sobre todo cuando se han agotado otras correcciones o cuando el conflicto afecta directamente a miembros de la comunidad educativa con grave daño de los mismos, como parece ser la situación actual en el IES Ramón Carande. Pero quitando esas situaciones, muy a menudo se recurre a dicha corrección porque la organización de los centros no permite otra alternativa.

Se me ocurre que los conflictos escolares habría que abordarlos de manera decidida por todos los sectores implicados, desde las Delegaciones Provinciales a los Servicios Sociales de los Ayuntamientos, pasando, como es lógico, por el propio centro y el entorno familiar del alumno en cuestión. ¿No sería posible, por ejemplo, que existiese la figura del monitor escolar que atendiese al alumno mientras está expulsado del aula? De esta manera no siempre sería necesario enviar al alumno a su casa, con los problemas que eso podría generar, sino que permanecería en el propio centro realizando las tareas académicas que garantizase el seguimiento del curso. Porque no nos engañemos, la expulsión no es nada más que un mecanismo para quitarnos al alumno de encima, pero el alumno acaba volviendo y, entonces, ¿qué hacemos con él? Yo creo que los alumnos no debieran ser expulsados de los centros salvo como último recurso, aunque entiendo que puede ser necesario "sacarlos del aula", para lo cual haría falta que existiesen profesionales que se encargaran de él; y esos profesionales no tendrían, ni deberían, ser los propios docentes del instituto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s