Poemas etiquetados

Poesía de la experiencia, poesía del irracionalismo cognitivo, metapoesía, poesía experimental y experimentada, ciberpoesía, poesía salvaje y poesía punk, poesía femenina y poesía feminista, homopoesía, e-poesía, poemas hipertextuales y transtextuales, transexuales, plagiarios y amantes del fanfic, anarcopoemas, culturalismo, prosaísmo lírico y lirismo prosaico, cantautores metidos a sonetistas, poetas malditos y divinos, bloggeros en verso y prosa, rebeldes con y sin causa, poesía mentirosa y poesía sincera, buena y mala poesía, letraheridos, poetas de añil ?como llama un colega mío a los que llenan su verbo de ese color- o poetas ineluctables ?como llamo yo a los que no escriben más de tres versos sin que aparezca esa palabra u otra por el estilo-, postmodernos, modernos, clásicos y antiguos, poetas hijos del delirio y la locura o guillenianos convencidos de que, ciertamente, el mundo está bien hecho. Antipoesía.

Con este panorama -fácilmente ampliable, por otra parte- ustedes me dirán cómo se pone uno a escribir un poema. Ya no vale tener una idea, verse impactado por el tiempo, por ejemplo, o dejarse llevar por las lecturas realizadas. Es necesario tomar partido y etiquetarse ?metaetiquetarse, diríamos en esta era de la red de redes-: ?soy un poeta salvaje que incorpora la tradición punk y surreal para acabar acercándose al fanart y la anarcolírica con bases sólidas en la deconstrucción derridiana, aunque ello no implica el abandono de la tradición malditista y de la lírica delirante.? Ya nos hemos definido, ahora solamente hay que ponerse a escribir, porque en última instancia siempre se trata de lo mismo.

El otro día un alumno me preguntó por las tendencias más actuales en poesía en España porque a él le gusta escribir y quería hacerlo de acuerdo con los cánones del momento. No supe qué contestarle: la dispersión y divergencia es lo más significativo del momento -le dije para salir del paso-; hay que esperar a que el tiempo ponga en su lugar las distintas tendencias y que tengamos una cierta perspectiva histórica que nos permita enjuiciar los autores jóvenes y sus obras. Me sé muy bien este discursito que vengo empleando desde 1989. Seguimos charlando un rato sobre el asunto hasta que llegamos al meollo de la cuestión. Había leído sus poemas a un amigo de su misma edad, poco más o menos, pero con algo más de experiencia en esto de la escritura, y éste le había dicho que ya había superado la etapa pastelosa ?quiero suponer que se refería al tratamiento obsesivo del tema amoroso y del dolor de vida- para entrar en una línea más cercana a la civitas hominum. Mi alumno se quedó muerto. Le gusta escribir, quiere ser escritor, poeta -pero de éxito- quiere vivir de la literatura, hacer de ella el centro de su vida, respirar y exhalar poesía. Su amigo le había herido en la línea de flotación. ¡Etapa pastelosa! Me preguntaba porque quería definirse como poeta. Yo no soy escritor, soy un mediocre profesor, y le contesté lo mismo que vengo contestando desde 1989: lee y escribe, escribe y lee, en el orden que quieras, usa la literatura para tu placer, disfruta con ella, no quieras etiquetarte, que de eso se ocupan los críticos.

Siento que el final de esta nota haya quedado un poco moralizante, pero me parece que esa es la única verdad. A mí me gusta leer la poesía que me hace disfrutar con su lectura y no me importan las etiquetas que definan a su autor. A mí me gusta la poesía. Y también la antipoesía (nunca te negaré, Nicanor).

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