Antonio Buero Vallejo: Historia de una escalera

Como ya saben, Historia de una escalera es una de las lecturas propuestas por las universidades andaluzas para 2º de Bachillerato. Para preparar la obra os dejo una breve presentación, una selección de fragmentos de la misma y un vídeo del montaje de la obra realizado por el Aula Municipal de Teatro de Aracena. Espero que sean de utilidad.

Si hubiera nacido…

No soy escritor porque nací aquí. Si hubiera nacido acá, quién sabe si podría haber tenido alguna opción. Fíjese en lo caprichoso del azar: apenas una vocal ha marcado la frontera entre el anonimato futuro y, tal vez, la inmortalidad. Pero así está diseñado este mundo nuestro y sería propio de un petulante lamentarse. Porque ya me dirá usted si es comparable un mercado, por ejemplo, donde en amigable tertulia con pescados, hortalizas y carnes una cuentera relatase historias de aquel año en que los hombres se pusieron tristes por la rutina de las pachangas repetidas. No es lo mismo que se encuentra en nuestras plazas de abastos, tan limpias, tan baldeadas al terminar la jornada; lugares en que la única incertidumbre está asociada a los números que vocea el lotero o a la procedencia de las naranjas. Aquí, aunque no lo creamos, todo está medido, todo es racional, hasta el crimen lo es. En el acá del que hablo, sin embargo, no siempre es fácil encontrar el hilo invisible que someta lo visible. Acá las cosas son, sin que sea necesario explicarlas. Por ejemplo, quien hubiera sido mi colega de haber nacido acá escribió hace unos años: “Fue el día que empezó a llover”. Ya no necesitó más, no hacía falta indicar cuánto llovió o si lo hizo de forma suave o torrencial. El que podría haber sido mi colega, si hubiera nacido aquí, no me cabe la menor duda de que habría completado la idea con matices e implicaciones, porque los escritores de aquí sienten la necesidad patológica de excederse en la información. Yo creo que se debe a que aquí no es buen campo donde cosechar historias o porque cuando se encuentra una bien simple y bien efectiva el que ha de ser su recolector se acompleja y se empeña en presentarla de manera diferente a como es. La prostituye, de alguna forma. Es posible que tenga relación, también, con que hace ya mucho tiempo que acabamos con los cuenteros de los mercados y que lo más parecido que tenemos ahora son las personas-libro, a imitación de los personajes de Farenheit 451, o esos cuentacuentos que en colegios y parques reúnen a su alrededor a niños necesitados de historias. Pero unos y otros no son verdaderos cuenteros, no son más que contadores de historias de otros; no se plantan ante la realidad para convertirla en relato. Quizás los monologuistas de humor sí serían equivalentes, aunque algo los diferencia: son show business, espectáculo, no emanan de forma natural del medio social. Seguro que esto último es una apreciación subjetiva y tonta, pero así los veo. Hasta ahora me he referido tan solo al hecho de relatar, pero creo que el principal motivo por el que no soy escritor se debe a la geografía de aquí, que se parece poco a la de acá nomás. Ya me dirá que en cuestiones de huida, pongamos por caso, la ruta de Manaos, atravesando el país de la canela, tiene poca competencia. Y si nos referimos a geografía humana ya hay que parar de contar. En una novelita de Ampuero uno de sus personajes desea ser escritor y dialoga con un amigo entrañable sobre la cuestión. El peruano es meridianamente claro: se trata únicamente de tomar apuntes en la libreta, al igual que el pintor mira su entorno y lo traslada al papel en unos trazos. El resultado, al menos visto desde aquí, es inmejorable: la unión de los bosquejos verbales da como resultado una novela única. En mi mundo, sin embargo, la posible suma de apuntes del natural daría como resultado una historia más, sin personalidad. Sería un conjunto de personas que igual podrían transitar por las calles del sur o del norte, del este o del oeste de aquí. En el mejor de los casos cambiarían los nombres de los lugares, pero esos espacios en sí no serían más que variaciones de lo mismo amuebladas en Ikea. La novela policial, la serie negra con la que algunos se llenan la boca, es buena prueba de ello. Casi todas son la misma novela en la que los actantes deambulan por calles de nombres diferentes, y poco más. Yo intenté escribir una hace algunos años y la abandoné al darme cuenta de que ya la había leído. Por cierto, esa misma sensación es la que me dejan últimamente algunos autores de acá, precisamente porque quieren escribir como los de aquí. Supongo que a ellos les sucede lo mismo que a mí, pero a la inversa. En fin, podríamos hablar horas sobre el asunto, podría usted rebatir todas y cada una de mis afirmaciones, decirme, tal vez, que no tiene sentido aludir a la cañabrava, los gallinazos, la plata grande o los mamelucos por el simple hecho de dejarse embrujar por el exotismo. Y tendría razón, pues si alguien de aquí escribiera como alguien de acá sería un farsante redomado y su obra un objeto sin valor. Por eso, precisamente, no soy escritor. Por eso hubiera preferido nacer acá.

Bala de mortero

En el sótano había una bala de mortero. La recuerdo omnipresente en todas las casas en que hemos vivido; pero siempre en el sótano, en un lugar donde podíamos verla y, sobre todo, tropezar constantemente con ella. Al parecer, la bala había caído a los pies de mi padre durante la guerra.

Lo cierto es que la bala era pertinaz y entrometida: cada vez que bajábamos a buscar algo la bala se presentaba. Yo creo que nos oía descender la escalera o abrir la puerta metálica o pisar fuerte para hacer ruido y espantar así las cucarachas, las ratas o los monstruos que aguardaban, pacientes y silenciosos, la llegada de alguien que diera sentido a sus demoníacas vidas. La bala nos sentía y rápidamente hacía una estimación tras la que se situaba justo en el lugar donde se encontraba el objeto buscado. Si no es así no puede entenderse lo que pasaba. “Hoy la bala estaba encima de la nevera vieja”, decía una de mis hermanas. “Pues qué raro, porque ayer bajé por la ropa de la mesa-camilla y estaba en la estantería del fondo”, le contestaba otra. Yo pensaba que sí que era extraño, pues un par de días antes Fermín y yo habíamos bajado al sótano y estoy seguro de que la dejamos encima de la caldera. Tal era la situación, que ya no me cabía la menor duda de que la bala maldita tenía alguna intención oculta.

Sea como fuere, la bala estaba en primer plano para hacernos recordar que las apariencias engañan. Porque costaba imaginar a nuestro padre en una situación compartida con una bala de mortero. Lo veíamos pequeño y regordete, con su eterno pitillo en los labios, encorbatado y con un traje de gris riguroso: la viva imagen de un oficinista que batallaba cada día con balances, columnas de números y documentos. Lo suyo, sin duda, era la tinta y no la sangre; sus columnas eran el “debe” y el “haber”, no las de infantería motorizada. No obstante, sabíamos que hubo un tiempo en que las deflagraciones retumbaron en sus oídos, como la presencia de la bala de mortero demostraba. Pasado y presente. Dos hombres distintos. Dos mundos diferentes.

Creía conocer bien la historia, aunque a día de hoy sé que no era así, que las historias de otros, por muy cercanos que sean, siempre están llenas de lagunas que completamos a nuestro antojo. Con la perspectiva que dan los años comprendo que tan solo he dispuesto de unos pocos datos: el vagón de cartería de un tren correo, los últimos meses de 1938, la guerra civil, un explosión lejana, un silbido, una bala de mortero que no explota y queda a los pies de mi padre. Ya no hay más. Y son muchos, demasiados, los interrogantes que hay que satisfacer para construir una narración digna. ¿Por qué estaba mi padre en el tren correo? ¿hacia dónde viajaba ese tren? ¿por dónde entró la bala? ¿quién la disparó? ¿hubo otras que explotaron? ¿qué sintió durante el impacto? ¿quién la desactivó? ¿cómo es posible que la bala quedase en su poder? Son tantas las incógnitas, que en ocasiones he pensado que nada sucedió más allá de unos hechos aliñados en la mente de un niño deseoso de tener una historia que contar.

Con la exigua información de la que disponía he construido decenas de relatos a lo largo de mi vida. En unos, mi padre aparecía como un héroe capaz de vencer sus miedos, arrojarse sobre la bomba para amortiguar los efectos de la explosión y salvar así la vida de un compañero padre de familia, reponerse tras la sorpresa de no estar muerto y aplicar sus conocimientos a la desactivación del artefacto; en otros, en cambio, me centraba en el miedo de un joven envuelto en un conflicto que no llegaba a comprender, vapuleado por unos acontecimientos complejos que contrastaban con la vida simple de quien está comenzando su carrera existencial; hubo algunos en que la bala estaba dotada de ciertas propiedades mágicas que la convertían en un objeto llamado a apropiarse de toda la consciencia de una familia media española; finalmente, también ideé tramas en las que todo era superchería y mixtificación.

Pero ninguna de estas historias era la de mi padre, sino la mía propia. Lo cierto es que él nunca quiso completar esos huecos narrativos. Si se le preguntaba, se limitaba a repetir lo ya conocido y a asentir cuando alguno de nosotros incluía una variable. No parecía querer recordar más allá de lo evidente: en nuestro sótano estaba depositada una bala, sin carga explosiva, aunque intacta en todo lo demás. Un objeto amenazante o glorioso, según se viera. Una incógnita.

Esquemas de Nueva Gramática

Está haciendo mucho ruido la Nueva gramática de la lengua española, sobre todo desde la aparición del Glosario de términos gramaticales, obra que nace con la vocación de facilitar y unificar la enseñanza de los contenidos lingüísticos en Secundaria y Bachillerato. Lo cierto es que no sé si esta última obra alcanza el objetivo pretendido o, por contra, aviva aún más el debate y las disensiones. El tiempo lo dirá.

Por el momento, me he puesto manos a la obra para intentar simplificar la propuesta de la Academia en unos pocos esquemas que sirvan para lanzarnos al análisis y comentario sintáctico de fragmentos breves y relativamente sencillos. Hay por la Red muy buenos trabajos de docentes que explican esta propuesta con gran detalle, matices y reflexiones sobre las situaciones más complejas. Estos esquemas no pretenden competir con tales documentos, pues creo que, en el mejor de los casos, solamente pueden funcionar a modo de “chuleta” urgente. Los comparto, por si fueran del interés de quienes a esta página se acerquen.

Poema de Mío Cid

Aquí dejo una escuetísima ficha sobre el Poema de Mío Cid. Está pensada para ser utilizada con mi alumnado de Educación Secundaria de Personas Adultas, pero bien podría servir para otros niveles básicos.

Jornada de reflexión

Hace un par de días hubo debate electoral. Ya saben: cinco candidatos representando a otros tantos partidos, de la derecha a la izquierda; cinco mensajes; cinco actitudes, más o menos diferentes; cinco posibilidades. Subyacía la idea de que había que elegir; flotaba en el ambiente que, si no decidías, serías culpable de lo que pasase.

Uno de ellos, Santiago Abascal, el líder de Vox, coloca su mensaje: sereno, sin estridencias, mirando a cámara, que es como mirarnos a todos a los ojos. Dice que hay miles -¿Ochenta mil? No recuerdo- de denuncias de mujeres por violencia machista archivadas en los juzgados. Silencio. El resto de los candidatos -de la derecha a la izquierda- callan, miran sus papeles, hacen como que anotan, buscan en sus maletines, no sé. Espero la réplica de alguno de ellos. Silencio de nuevo. Se cambia de tema. Un rato después, el mismo Abascal vuelve a disponer de la palabra. Ahora se centra en los MENAS, ya saben, esas siglas con las que ahora parece que hay que referirse a los menores -niños y niñas, no olvidemos- inmigrantes sin papeles. Mediante una anécdota que alude a un centro de atención de Madrid, creo, vincula con determinación la inseguridad ciudadana y la presencia de estos niños. Silencio atronador tras su intervención. Los otros políticos presentes siguen leyendo, anotando, buscando en el baúl de los recuerdos. Estoy anonado. Sigue hablando el tal Abascal: protección de la mujer contra violadores inmigrantes en manada que se van de rositas. Y sigue y sigue, mientras los demás también siguen empeñados en un disimulo melancólico que podría arrancarnos una sonrisa si no fuera tan trágica la situación.

Al fin uno de los políticos allí presentes replica. Pablo Iglesias frunce su ceño y responde con vigor, porque parece que el jefe de Vox quiere patrimonializar las víctimas del terrorismo. Ahora sí, Pablo; antes no. Otro – Albert Rivera- también se le enfrenta a cuento de chiringuitos, mamadurrias y corrupción. Muy bien, chaval; pero se te escaparon las oportunidades anteriores.

El debate termina. Abascal ha colocado -con serenidad, sin complejos, firme- su mensaje insolidario, agresivo, inmoral. Nadie se le opuso. Estupefacción. Ojos como platos. Vergüenza. Indignación.

Se les ve marchar a sus sedes con una sonrisa en los labios y satisfechos por lo realizado. Supongo que pensarán que han aumentado votos. Quizás sea así, aunque el mío lo han perdido. No puedo confiar en quien huye de combatir el mal. No puedo confiar en quienes se presentan ante los ciudadanos para lanzar discursos aseaditos en los que no se disimula esa calculadora mental cuentavotos que parecen traer instalada de serie nuestros “padres de la patria”.

Al día siguiente la prensa discute sobre posibles ganadores del debate; pero no merece su atención el silencio atronador que sigue retumbando en mi cabeza. Hay que esperar un día más para que los garantes de la información veraz de nuestro país se hagan eco. Bien está lo que bien acaba, dicen, aunque no sé si estar de acuerdo.

Me entero también de que en los mítines que siguieron al debate, parlamentarios del PSOE elevaron sus voces para clamar contra el discurso de Abascal: “Son fascistas”, gritaban en la verbena de la sobreactuación ante los suyos. Oigo esos gritos y recuerdo a Pedro Sánchez mirando sus papeles mientras el de Vox soltaba por su boca la mierda acumulada. Ahora sí reaccionan; ahora, cuando ya es tarde.

En otro barrio ideológico, Pablo Iglesias da a entender que podría ser beneficioso un ascenso del partido de extrema derecha, pues ello podría evitar que el Partido Popular sintiera tentaciones de colaborar con los socialistas, dejando así terreno abonado para un pacto con Unidas Podemos. La calculadora, otra vez. Pero ojo, que el líder incuestionable de la verdadera izquierda nos dice -con tranquilidad, certeza y mesura- que no se dejó llevar por cálculos, aunque podría. Entonces, ¿por qué callaste en el asunto de los inmigrantes, Pablo?

Y aquí estamos, a cuarenta y ocho horas de las elecciones, reflexionando. Oímos: a votar, a votar para no ser culpables de una victoria de las derechas. La música de fondo es la de una máquina de calcular; el escenario es el de la inmoralidad. Percibo con claridad meridiana que simplemente somos marionetas sujetas con hilos invisibles. De vez en cuando uno de esos hilos se nos enreda entre los dedos, se hace evidente. He de cortarlo, al menos ese.

La Selectividad de Lengua (o como se llame ahora o dentro de un tiempo)

La Prueba de Evaluación del Bachillerato y Acceso a la Universidad, la Selectividad de toda la vida, es el reto final que deben superar los alumnos de 2º de Bachillerato. Es habitual que a lo largo de todo el curso los profesores vayamos haciendo referencias a esta prueba; sin embargo, cuando ya se acerca el final del curso, el alumnado debe hacer memoria, clasificar y ordenar sus materiales, poner sentido pragmático en la preparación específica de dicha prueba.

En el Bachillerato de Personas Adultas no son muchos los alumnos que se deciden por presentarse a esta prueba, aunque siempre hay algunos. Para ellos, esta tarea de recopilación y orden es más complicada, si cabe, pues algunos pueden haber cursado la asignatura de Lengua y Literatura en años anteriores y las directrices que se les pudieron dar en su día duermen el sueño de los justos en las profundidades del cerebro.

El motivo expresado es el que justifica la preparación de una sencilla web en la que he incluido los materiales y directrices indispensables para afrontar el reto final. Espero, como siempre, que pueda ser de utilidad para quien por estas páginas pasee.

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Pulse sobre la imagen para acceder a la web de Selectividad

Ámbito de comunicación (Módulo V)

Como ya expliqué en una entrada anterior, las enseñanzas de adultos me tienen bastante ocupado este curso. Para organizar los contenidos de lengua del Nivel II de ESPA que figuran en el C.R.E.A. me he decantado por preparar unos esquemillas que quizás puedan serle de utilidad a quien se enfrente por primera vez a estas enseñanzas. Ahora toca, pues, continuar compartiendo materiales y tras el Módulo IV, al que ya dediqué una entrada, llega el turno del Módulo V.

De cinco en cinco (octava tanda)

Lo importante es el camino —qué obviedad—, porque en él pasan cosas. Da igual dirigirse a Ispahán o a Damasco.

De entre las actividades dominicales, una de mis preferidas es hacer paisaje: bien temprano, lanzo mi osamenta a la calle, la siento en la terraza de un café del centro y me aplico a la lectura de un libro de versos. Mientras mal leo, oigo las miradas de los transeúntes entre la admiración y la sorpresa.

Debía tener no más de diez años cuando el maestro nos pidió dibujar un árbol. Entre el bosque de olivos, pinos y naranjos, lo que parecía un sauce llorón aportaba su punto presuntuoso. De entonces a hoy poco ha variado el camino.

Sin saber nada de Física me pregunto: ¿Newton es Dios y Einstein el Hombre? ¿Es tan simple?

En algún momento se ha producido un cambio brutal en nuestra forma de observar y explicar el mundo: «pasar página» se dice ahora «pasar pantalla». Todo ha saltado por los aires y la desesperanza se han grabado en mi alma con fuerza inusitada. Soy un rancio, ya es evidente.

Ámbito de comunicación (Módulo IV)

logoepEste curso he cambiado de trabajo. Me he pasado a la enseñanza de personas adultas y muchas cosas son diferentes. Sí, la materia -es decir, el referente- es la misma, más o menos; pero casi todo lo demás ha cambiado: los receptores, el canal (al que ya me referí en otra entrada anterior), el contexto físico y legal y, en consecuencia, el código que debe emplearse.

Una de las materias que imparto es el Ámbito de comunicación en el Nivel II (equivalente a 3º y 4º de ESO) en la modalidad semipresencial. Esta asignatura se organiza en dos áreas diferentes: inglés y lengua española, que es de la que me encargo. A su vez, debéis saber que los distintos ámbitos en Secundaria de Adultos se dividen en módulos independientes entre sí. En el Nivel I, el que equivale a 1º y 2º de ESO, se encuentran los tres primeros módulos y en el Nivel II, los módulos IV, V y VI. A cada uno de esos módulos les corresponden una serie de bloques de contenido que vienen definidos por la legislación pertinente.

En fin, todo lo anterior viene al caso porque quiero compartir unos enlaces a los esquemas de los contenidos correspondientes al Módulo IV; es decir, el primer trimestre del Nivel II, por simplificar. La Administración educativa andaluza ha ido elaborando a lo largo de los últimos años unos materiales didácticos que se presentan como la referencia en cada una de las asignaturas (se puede acceder a ellos en el C.R.E.A). Los esquemas que se enlazan a continuación se basan, por tanto, en dichos materiales. Ahí van: